La sexta entrega de la saga Torrente, titulada Torrente Presidente y dirigida y protagonizada por Santiago Segura , ha irrumpido con fuerza...
La sexta entrega de la saga Torrente, titulada Torrente Presidente y dirigida y protagonizada por Santiago Segura, ha irrumpido con fuerza arrolladora en la taquilla española. Estrenada el 13 de marzo de 2026, la película ha logrado en su primer día una recaudación estimada en 2,4 millones de euros y ha congregado a alrededor de 300.000 espectadores, cifras que la convierten en el mejor estreno de una producción española en los últimos 15 años, igualando o superando el récord que precisamente ostenta Torrente 4: Lethal Crisis desde 2011. Este debut supera con creces las expectativas iniciales y demuestra el poder de convocatoria intacto del personaje más irreverente del cine patrio, doce años después de la anterior entrega.
El éxito no ha sido casual. Antes siquiera de su llegada a las salas, la película ya acumulaba más de 150.000 entradas vendidas en preventa, un fenómeno impulsado por una campaña de marketing atípica y audaz. Santiago Segura optó por un hermetismo casi total: no se publicó tráiler oficial, sinopsis detallada ni imágenes promocionales extensas. Solo se filtraron algunas fotos del rodaje que mostraban a Torrente en mítines con pancartas de un ficticio partido Nox, evidente guiño a formaciones políticas reales. Esta estrategia de "apagón informativo" generó una curiosidad masiva, convirtiendo el estreno en un evento casi electoral, con los fans "votando" anticipadamente por su antihéroe favorito. Las salas, con más de 1.000 pantallas en 397 copias —un récord para el cine español—, se llenaron rápidamente, y las previsiones apuntan a que el primer fin de semana podría superar los 5 millones de euros, consolidando un arranque histórico.
Lo notable es que este triunfo llega con una de las producciones menos subvencionadas del panorama actual. Fabricada por Amiguetes Entertainment, la propia compañía de Segura, la película ha apostado por la independencia financiera y la confianza en el público directo, sin depender en exceso de ayudas públicas. Este modelo contrasta con muchas producciones españolas contemporáneas y refuerza la idea de que el boca a boca y la conexión emocional con el espectador pueden ser más potentes que cualquier inyección institucional.
Las primeras reacciones y críticas coinciden en definir el filme como un regreso fiel al espíritu original de la saga: vulgar, bizarro, exagerado y políticamente incorrecto en extremo. Torrente, el policía corrupto, machista, franquista y sin filtros, se postula ahora a la presidencia en un contexto de sátira feroz que no perdona a nadie. Se burla sin piedad de Vox, PSOE, PP y el espectro político completo, ridiculizando desde el populismo hasta la corrección política, pasando por corruptelas, discursos vacíos y la hipocresía generalizada. Justo esa incorrección radical es lo que, según los comentaristas, hace que funcione: no pide permiso para ofender, no busca agradar a todos y convierte la provocación en motor de la comedia. El resultado es una cinta caótica, repleta de cameos sorpresa —se habla de hasta sesenta apariciones estelares— y un humor brocha gorda que abraza lo absurdo para entregar risas sin complejos.
Con la saga acumulando ya más de 80 millones de euros en taquilla histórica y millones de espectadores fieles, Torrente Presidente no solo revive a un icono del cine español, sino que demuestra que, en tiempos de polarización y fatiga cultural, el público sigue premiando el entretenimiento descarado y sin ambages. El boca a oreja del fin de semana decidirá si este regreso se convierte en el mayor taquillazo del año, pero el arranque ya es legendario: Torrente ha vuelto, y lo ha hecho ganando por goleada.





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