Corea del Norte ha dado un paso significativo en el fortalecimiento de su doctrina nuclear al integrar en su Constitución la disposición q...
Corea del Norte ha dado un paso significativo en el fortalecimiento de su doctrina nuclear al integrar en su Constitución la disposición que ordena un lanzamiento automático e inmediato de armas nucleares si el líder supremo Kim Jong-un es asesinado o incapacitado por un ataque enemigo. Esta medida, que ya formaba parte de una ley nuclear aprobada en 2022, ahora adquiere un estatus constitucional superior, lo que la convierte en un pilar inamovible de la política de Estado.
Según informes de inteligencia surcoreana y medios internacionales, la enmienda fue aprobada durante una sesión de la Asamblea Popular Suprema que comenzó el 22 de marzo de 2026 y se hizo pública recientemente. El artículo revisado de la política nuclear establece explícitamente: “Si el sistema de mando y control sobre las fuerzas nucleares del Estado se ve amenazado por ataques de fuerzas hostiles, un ataque nuclear se lanzará de forma automática e inmediata”. Esta cláusula busca disuadir cualquier intento de “decapitación” del régimen, es decir, operaciones destinadas a eliminar la cúpula dirigente norcoreana mediante ataques precisos.
El contexto reciente que impulsó esta formalización constitucional parece estar vinculado a los acontecimientos en Irán. La eliminación del ayatolá Ali Khamenei y altos funcionarios iraníes en ataques conjuntos estadounidenses e israelíes alarmó profundamente a Pyongyang. Los líderes norcoreanos temen que un escenario similar pueda repetirse contra ellos, especialmente ante ejercicios militares conjuntos entre Estados Unidos y Corea del Sur que incluyen simulacros de operaciones de decapitación. Al elevar esta política a nivel constitucional, Kim Jong-un busca eliminar cualquier ambigüedad y garantizar que, incluso en ausencia de órdenes directas, el arsenal nuclear responda de manera implacable.
Esta no es la única modificación relevante en la nueva Constitución. El texto elimina todas las referencias a la reunificación pacífica de la península coreana, reconociendo explícitamente a Corea del Sur como un Estado separado y soberano. Define el territorio norcoreano con fronteras claras con China y Rusia al norte, y con “la República de Corea” al sur, consolidando la doctrina de “dos Estados”. Además, refuerza el control absoluto de Kim Jong-un sobre las fuerzas nucleares, situando su autoridad por encima de otros órganos estatales y permitiendo la delegación de ese mando en situaciones de emergencia.
Expertos comparan esta disposición con los sistemas “Dead Hand” de la Guerra Fría soviética, diseñados para garantizar represalias nucleares incluso tras un ataque que destruya el liderazgo. En el caso norcoreano, sirve como herramienta de disuasión extrema: cualquier intento de eliminar a Kim o interrumpir la cadena de mando nuclear provocaría una respuesta devastadora sin necesidad de deliberación adicional.
La comunidad internacional ha reaccionado con preocupación. Estados Unidos, Corea del Sur y Japón han expresado alarma ante el endurecimiento de la postura norcoreana, que coincide con continuas pruebas de misiles y avances en su programa nuclear y de misiles balísticos intercontinentales. Analistas advierten que esta medida eleva el riesgo de escalada involuntaria en la península, ya que reduce los márgenes para la diplomacia en momentos de crisis y podría llevar a interpretaciones erróneas de movimientos militares rutinarios.
Desde el punto de vista de Pyongyang, esta enmienda consolida su estatus como potencia nuclear irreversible y envía un mensaje claro: el régimen no solo se defiende, sino que asegura su supervivencia mediante una amenaza creíble y automática. Con un arsenal estimado en decenas de ojivas nucleares y sistemas de entrega cada vez más sofisticados, Corea del Norte continúa reforzando su capacidad disuasoria en un entorno geopolítico percibido como hostil.
Esta evolución constitucional refleja la estrategia de Kim Jong-un de blindar su poder y el de su dinastía ante cualquier amenaza externa. Mientras el mundo observa con inquietud, la península coreana se adentra en una fase de mayor imprevisibilidad nuclear, donde las apuestas son más altas que nunca.





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