Más de medio millón de migrantes y refugiados se encuentran actualmente en Libia a la espera de una oportunidad para cruzar el Mediterráneo...
Más de medio millón de migrantes y refugiados se encuentran actualmente en Libia a la espera de una oportunidad para cruzar el Mediterráneo central rumbo a Europa, según ha advertido el ministro de Migración griego, Thanos Plevris. Esta cifra, que ronda los 550.000 según estimaciones de inteligencia griega, ha encendido las alarmas en Atenas ante el riesgo de un nuevo repunte en las llegadas a las islas del sur del país, especialmente a Creta y Gavdos.
Plevris informó de un fuerte aumento en las llegadas de inmigrantes procedentes del norte de África durante las últimas semanas. Ante esta situación, Grecia ha implementado medidas drásticas: ha suspendido temporalmente el derecho a solicitar asilo para las personas que arriben por mar desde Libia y otras zonas del norte africano. Aquellos que no cumplan con los requisitos para obtener protección internacional serán detenidos de inmediato y devueltos, según declaró el ministro. Esta suspensión, aprobada por el parlamento griego inicialmente por tres meses, podría prorrogarse si los flujos migratorios se intensifican con la llegada del buen tiempo en el mar.
Estas alertas coinciden con los datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), que registran la entrada de más de 559.000 refugiados sudaneses en Libia desde el estallido de la guerra civil en Sudán en abril de 2023. Muchos de estos desplazados, junto con migrantes de otras nacionalidades africanas y asiáticas, se están desplazando hacia las zonas costeras libias, particularmente en el este del país, para intentar el peligroso cruce en embarcaciones precarias facilitadas por redes de traficantes de personas. Libia, sumida en la inestabilidad desde la caída de Gadafi, se ha convertido en un importante punto de tránsito y acumulación de migrantes, donde las condiciones humanitarias son extremadamente precarias.
Grecia está coordinando acciones con la agencia europea Frontex y con las autoridades libias para combatir a las mafias de contrabando, detectar las embarcaciones antes de que zarpen y bloquear las salidas desde la costa. El ministro enfatizó que no se tolerará una “invasión” por la ruta del norte de África y que las personas interceptadas enfrentarán detención inmediata sin acceso automático a procedimientos de asilo. Esta política ha generado críticas de organizaciones de derechos humanos, que la consideran una violación de convenios internacionales de protección a refugiados, pero el gobierno griego la defiende como una medida necesaria para proteger sus fronteras y evitar una crisis similar a la de 2015.
El contexto es complejo. La guerra en Sudán ha generado una de las mayores crisis de desplazamiento del mundo, empujando a cientos de miles a buscar refugio en países vecinos como Libia, Chad o Egipto. En Libia, los migrantes enfrentan riesgos de detención arbitraria, explotación, tortura y extorsión por parte de milicias y traficantes. A pesar de los acuerdos de la Unión Europea con Libia para reforzar el control costero —que incluyen apoyo a guardacostas y centros de detención—, las salidas irregulares persisten, especialmente desde el este libio controlado por fuerzas leales al general Khalifa Haftar.
Expertos advierten que el buen clima veraniego podría facilitar más intentos de cruce, aumentando el riesgo de tragedias en el mar, donde ya se registran centenares de muertes cada año. Para Grecia, que ha gestionado más de un millón de llegadas desde 2015, este nuevo frente migratorio desde Libia representa un desafío adicional a su sistema de recepción y a su estabilidad política. El país busca equilibrar la presión humanitaria con una respuesta firme de control fronterizo, mientras la Unión Europea observa con atención el posible efecto dominó en otras naciones mediterráneas como Italia y Malta.
El fenómeno subraya la persistencia de las causas estructurales de la migración: conflictos armados, inestabilidad política y desigualdad económica en África, combinadas con la permeabilidad de las fronteras libias y la demanda de mano de obra y rutas de escape hacia Europa.





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