Un paseo familiar que prometía descanso y conexión con el mar terminó en una tragedia que ha conmocionado a Buenaventura y al Valle del Cau...
Un paseo familiar que prometía descanso y conexión con el mar terminó en una tragedia que ha conmocionado a Buenaventura y al Valle del Cauca. Dos turistas, un padre y su hijo, fueron secuestrados por un grupo de hombres armados en plena luz del día mientras disfrutaban de la playa de La Bocana, en el corregimiento de Bazán, una zona isleña y turística del Pacífico colombiano. Testigos del hecho lograron grabar el dramático momento, en el que los delincuentes interceptaron a las víctimas y se las llevaron a la fuerza ante la mirada atónita de otros visitantes.
Las víctimas fueron identificadas como Alexander Valencia Hernández, de 44 años, y su hijo Nicolás Valencia Ducuara, de 22 años. Según las primeras versiones, ambos se encontraban pasando el día en el sector El Balsal, disfrutando de las playas y posiblemente registrando videos del entorno, cuando fueron abordados por sujetos armados presuntamente vinculados a la banda criminal ‘Los Shottas’. Horas después del secuestro, las autoridades confirmaron el hallazgo del cuerpo sin vida de Alexander Valencia flotando en una zona de marea cercana. Su cadáver presentaba signos de violencia y fue trasladado a Medicina Legal para los procedimientos correspondientes.
Nicolás Valencia, por su parte, continúa en paradero desconocido. Las labores de búsqueda se intensifican con apoyo de la Policía, la Armada y unidades especializadas, mientras la Gobernación del Valle del Cauca y las autoridades ofrecieron una recompensa de hasta 100 millones de pesos por información que permita dar con su ubicación o capturar a los responsables. Familiares y allegados viven momentos de angustia e incertidumbre, esperando noticias que, lamentablemente, podrían confirmar otro desenlace fatal.
Este suceso ha generado una profunda conmoción entre residentes, comerciantes y visitantes de La Bocana, una zona que, aunque atractiva por sus playas y su potencial turístico, se ve afectada recurrentemente por la presencia de grupos armados. Buenaventura, principal puerto del Pacífico colombiano, es escenario histórico de disputas territoriales entre bandas como ‘Los Shottas’ y ‘Los Espartanos’, herederas de antiguas estructuras criminales. Estas organizaciones se disputan el control de rutas de narcotráfico, extorsión y otras actividades ilícitas, extendiendo su influencia incluso a corregimientos turísticos.
Vecinos y empresarios del sector turístico expresaron su indignación y temor. Muchos destacan que hechos como este no solo cobran vidas inocentes, sino que también golpean duramente la economía local, que depende en gran medida del turismo de playa durante fines de semana y festivos. “Llegan familias buscando tranquilidad y se encuentran con esta violencia”, comentan habitantes que piden mayor presencia institucional y operativos permanentes que garanticen la seguridad.
Las autoridades adelantan las investigaciones para esclarecer los móviles del secuestro. Versiones preliminares hablan de un posible intento de extorsión o hurto que escaló a la violencia. Videos difundidos en redes sociales muestran el momento del abordaje, lo que ha permitido avanzar en la identificación de los agresores. La Fiscalía y la Policía han anunciado que no escatimarán esfuerzos para dar con los responsables y llevarlos ante la justicia.
Este caso vuelve a encender las alarmas sobre la seguridad en Buenaventura y sus zonas aledañas. A pesar de los esfuerzos por promover el turismo en el Pacífico, la persistencia de la criminalidad organizada representa un obstáculo enorme. Organizaciones sociales y defensores de derechos humanos han hecho llamados al Gobierno nacional y departamental para implementar estrategias integrales que combinen presencia militar y policial con inversión social, generación de empleo y fortalecimiento institucional.
Mientras tanto, la familia Valencia llora la pérdida de Alexander y clama por el regreso de Nicolás. La comunidad de Buenaventura, una vez más, se une en el rechazo a esta violencia que no distingue entre locales y visitantes, y exige justicia pronta y contundente para que hechos como este no sigan repitiéndose en un destino que tiene tanto por ofrecer. La tragedia de La Bocana no solo deja dolor, sino también un urgente llamado a la acción para recuperar la tranquilidad en las playas del Pacífico colombiano.





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