Según informa The Wall Street Journal , Irán ha entregado una respuesta detallada de varias páginas a la última propuesta estadounidense des...
Según informa The Wall Street Journal, Irán ha entregado una respuesta detallada de varias páginas a la última propuesta estadounidense destinada a poner fin al conflicto y estabilizar la región. El documento revela avances en algunos aspectos prácticos, pero también brechas significativas que aún separan a ambas potencias, especialmente en materia nuclear y de garantías de cumplimiento.
La contrapropuesta iraní plantea un cese inmediato de los combates y una reapertura gradual del Estrecho de Ormuz, la vital arteria por la que transita alrededor del 20% del petróleo mundial. Esta medida estaría condicionada a que Estados Unidos levante progresivamente el bloqueo impuesto a los puertos iraníes, permitiendo así el retorno de los buques y el restablecimiento del comercio marítimo que ha sido fuertemente restringido. Fuentes familiarizadas con las negociaciones indican que esta fórmula busca generar confianza mutua mediante pasos recíprocos y verificables, evitando un colapso económico mayor para Irán mientras se avanza hacia un acuerdo más amplio.
En paralelo, Teherán propone que las cuestiones nucleares más complejas se negocien de forma intensiva durante los próximos 30 días. Irán se muestra dispuesto a suspender el enriquecimiento de uranio, aunque por un período más corto que la moratoria de 20 años exigida por Washington. Además, rechaza de plano el desmantelamiento de sus instalaciones nucleares, una línea roja histórica para la República Islámica, que argumenta su derecho a un programa nuclear civil bajo el Tratado de No Proliferación.
Respecto al material fisionable, la respuesta iraní ofrece una solución intermedia: diluir parte de su uranio altamente enriquecido y transferir el resto a un tercer país neutral. Sin embargo, esta transferencia vendría acompañada de fuertes garantías internacionales. Irán exige mecanismos que aseguren la devolución del uranio en caso de que las negociaciones fracasen o de que Estados Unidos decida abandonar el acuerdo en el futuro. Esta cláusula refleja la profunda desconfianza mutua acumulada tras años de sanciones, retiradas unilaterales —como la de 2018 del acuerdo nuclear JCPOA— y ataques recíprocos.
Analistas consultados destacan que, aunque persisten diferencias importantes, el mero hecho de que Irán haya presentado una contrapropuesta detallada y concreta indica que ninguna de las partes desea una escalada indefinida. El conflicto ha generado ya costes elevados: disrupciones en el suministro energético global, tensiones en el Golfo Pérsico y un aumento de la inestabilidad regional. Una reapertura controlada del Estrecho de Ormuz podría aliviar rápidamente la presión sobre los precios del petróleo y permitir un respiro económico tanto a Irán como a sus socios comerciales.
No obstante, expertos en no proliferación advierten que el período más corto de suspensión del enriquecimiento y la negativa a desmantelar instalaciones suponen un desafío para la administración estadounidense, que busca garantías a largo plazo de que Irán no pueda avanzar rápidamente hacia un arma nuclear. La cuestión de las “garantías de retorno” del uranio también genera debate, ya que podría interpretarse como una forma de mantener una capacidad latente.
Las próximas semanas serán decisivas. Diplomáticos de ambos lados, posiblemente con mediación de terceros países como Omán o Qatar, intentarán cerrar las brechas restantes. Mientras tanto, la comunidad internacional sigue con atención estos movimientos, consciente de que un acuerdo exitoso no solo pondría fin a los combates actuales, sino que podría reconfigurar la seguridad energética y la arquitectura de no proliferación en Oriente Medio para los próximos años.





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