La revelación de que Koldo García , exasesor del exministro José Luis Ábalos , tenía guardado en su teléfono el número personal del presiden...
La revelación de que Koldo García, exasesor del exministro José Luis Ábalos, tenía guardado en su teléfono el número personal del presidente del Gobierno bajo el nombre de “Número 1” añade un nuevo elemento de controversia a su declaración ante el Tribunal Supremo. Según los datos conocidos, esta anotación no fue algo puntual ni anecdótico, sino que permaneció registrada en su agenda durante varios años, concretamente entre 2018 y 2023, lo que sugiere una relación de contacto más estable de lo que él habría reconocido.
Los metadatos asociados a los archivos analizados sitúan el origen de ese registro entre el 6 de septiembre de 2018 y el 4 de julio de 2019. Este detalle técnico resulta relevante porque permite acotar el momento en que el número fue incorporado al dispositivo, en un periodo que coincide con los primeros meses del actual Ejecutivo tras la moción de censura. El hecho de que el número comenzara por 660 y fuera identificado como el teléfono personal del presidente refuerza la idea de que no se trataba de un canal institucional o público, sino de una vía directa de comunicación.
Este hallazgo entra en contradicción con lo declarado por Koldo García ante el Supremo, donde habría minimizado o negado la existencia de una relación directa con el jefe del Ejecutivo. La presencia de ese contacto en su agenda, además con una denominación tan significativa como “Número 1”, sugiere no solo que disponía del teléfono, sino que le atribuía una posición de máxima relevancia dentro de su red de contactos. En términos prácticos, esa etiqueta podría interpretarse como un indicio de jerarquía o prioridad, lo que abre interrogantes sobre la frecuencia o naturaleza de las comunicaciones entre ambos.
En el contexto de las investigaciones judiciales en curso, este tipo de evidencias digitales adquiere un peso considerable. Los metadatos no dependen de interpretaciones subjetivas, sino que ofrecen una trazabilidad concreta sobre fechas y modificaciones en los archivos. Por ello, pueden ser utilizados para contrastar versiones y reconstruir relaciones personales o profesionales con mayor precisión. En este caso, ponen en cuestión la veracidad del testimonio ofrecido por García, lo que podría tener implicaciones legales si se determina que faltó a la verdad ante el alto tribunal.
Además, la información plantea dudas sobre el grado de acceso que determinadas figuras del entorno político podían tener a contactos de máximo nivel dentro del Gobierno. Aunque disponer de un número no implica necesariamente una comunicación frecuente, sí indica la posibilidad de establecerla sin intermediarios, algo que en estructuras institucionales suele estar limitado a círculos muy reducidos.
En definitiva, la existencia de este contacto guardado como “Número 1” no solo contradice la versión ofrecida por Koldo García, sino que también reaviva el debate sobre la transparencia, las relaciones internas en el poder político y el alcance real de las conexiones personales dentro del Ejecutivo.





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