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La controvertida Ley de Bienestar Animal (Ley 7/2023), aprobada en 2023, ha vuelto a encender el debate en España tras la publicación del borrador del real decreto que desarrolla el listado positivo de animales de compañía. El Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 abrió un proceso de información pública para recibir alegaciones ciudadanas, con plazo hasta el pasado 8 de mayo de 2026. Este catálogo determinará qué especies podrán mantenerse legalmente como mascotas en los hogares, dejando en una situación incierta a todas aquellas que no aparezcan en él.
Según el borrador, perros, gatos y hurones seguirán siendo considerados animales de compañía de manera automática. Además, se permitirán “todas las especies domésticas” definidas según la Ley 8/2003 de Sanidad Animal, es decir, aquellas que han sido creadas o seleccionadas genéticamente a lo largo de generaciones para servir al ser humano, como ocurre con el ganado vacuno, ovino o porcino en entornos de producción. Sin embargo, el texto genera gran preocupación porque redefine la condición de muchas especies tradicionales de compañía, basándose en criterios genéticos y de domesticación estrictos.
Expertos consultados advierten que aves como periquitos, canarios o ninfas, y mamíferos como los conejos, dejarían de ser reconocidos como animales domésticos. Hasta ahora, el Código Civil y la práctica cotidiana los trataban como tales, pero el nuevo enfoque los clasificaría como especies silvestres en cautividad. Para poder mantenerse como mascotas, deberían figurar expresamente en el listado positivo de animales de compañía, un catálogo cerrado que prioriza criterios de bienestar animal, riesgo de invasividad, impacto en la biodiversidad, salud pública y seguridad. Muchas de estas especies populares podrían no cumplir los requisitos técnicos propuestos, lo que supondría, en la práctica, su prohibición futura como animales de compañía.
Esta medida busca controlar el tráfico ilegal de especies, prevenir la introducción de animales exóticos invasores y garantizar que solo se mantengan en hogares aquellas especies cuyas necesidades de bienestar puedan satisfacerse plenamente en un entorno doméstico. Organizaciones de protección animal y conservación, como WWF, SEO/BirdLife o FAADA, han celebrado el avance del listado positivo como una herramienta preventiva clave para evitar sufrimiento animal y daños ecológicos. Sin embargo, el sector de tiendas de mascotas, criadores y aficionados alerta de las consecuencias: miles de hogares tendrían que desprenderse de sus animales o enfrentarse a sanciones, y un importante tejido económico (comercios, criadores y veterinarios especializados) se vería afectado.
La norma distingue claramente dos listados: uno de especies domésticas de compañía y otro positivo para especies silvestres autorizadas. Animales de acuariofilia o aves de cetrería podrían tener un tratamiento diferenciado, pero especies comunes como roedores, reptiles y muchas aves ornamentales quedarían en un limbo normativo hasta la aprobación definitiva de las listas. Críticos señalan que el borrador aplica una interpretación estricta que choca con la realidad social y cultural de España, donde periquitos y conejos forman parte de la vida familiar desde hace décadas.
Durante el periodo de alegaciones, asociaciones, particulares y expertos han presentado miles de contribuciones. Algunos piden una transición suave que permita mantener los ejemplares ya existentes en hogares, mientras que otros exigen ampliar los criterios para incluir especies domesticadas en cautividad durante generaciones. El Gobierno deberá ahora valorar estas aportaciones antes de aprobar el real decreto definitivo.
Esta nueva regulación refleja una tendencia europea hacia listas positivas restrictivas, pero en España ha generado una fuerte polarización. Mientras defensores la ven como un avance en derechos animales y protección medioambiental, detractores la consideran intervencionista y desconectada de la tradición de tenencia responsable. El futuro de millones de mascotas no tradicionales dependerá del texto final, que podría transformar radicalmente el concepto de animal de compañía en los hogares españoles.





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