Una tragedia sacudió el lunes la provincia de Mersin , en el sur de Turquía, donde un hombre de 37 años identificado como Metin Ö. perpetró ...
Una tragedia sacudió el lunes la provincia de Mersin, en el sur de Turquía, donde un hombre de 37 años identificado como Metin Ö. perpetró una serie de ataques armados que dejaron un saldo de seis personas muertas —incluida su exesposa— y ocho heridos. Los hechos se extendieron por los distritos de Çamlıyayla y Tarsus, generando una intensa operación de búsqueda por parte de la Gendarmería y la Policía turca, con apoyo de helicópteros y drones.
Según las primeras investigaciones de la agencia Anadolu y autoridades locales, el sospechoso inició su rampage en el barrio de Darıpınarı, en el distrito de Çamlıyayla. Allí, presuntamente disparó con una escopeta de bombeo contra su exesposa, Arzu Özden, de 32 años, mientras ella caminaba por la calle. Tras cometer el feminicidio, el hombre huyó en un vehículo blanco con placa 01 B 9171.
Posteriormente, se dirigió al distrito de Tarsus, donde abrió fuego desde su automóvil contra un restaurante en el barrio de Kadelli. En el lugar murieron el propietario del establecimiento, Sabri Pan, y un empleado, Ahmet Ercan Can. El atacante no se detuvo y continuó su recorrido por diferentes zonas del mismo distrito, donde asesinó a otras tres personas: entre ellas se identificó a un pastor llamado Yusuf Oktay y a un hombre de 50 años llamado Abdullah Koca, además de otra víctima en un barrio distinto. Varias personas más resultaron heridas por los disparos indiscriminados.
Las autoridades turcas descartaron de inmediato cualquier vínculo con el terrorismo y señalaron que los ataques parecen estar motivados por disputas personales, posiblemente relacionadas con la separación matrimonial y antiguas rencillas con los dueños del restaurante donde trabajó el sospechoso hasta hace un año. El presidente Recep Tayyip Erdoğan confirmó el balance de víctimas y expresó sus condolencias a las familias afectadas.
La operación de búsqueda se extendió rápidamente por Tarsus, Çamlıyayla y zonas limítrofes como Pozantı, en la provincia de Adana. Se establecieron numerosos controles en carreteras y se movilizaron fuerzas especiales. Vecinos de las zonas afectadas describieron escenas de pánico, con personas huyendo de los disparos y buscando refugio en casas y comercios cercanos. Imágenes difundidas en medios locales muestran a familiares de las víctimas congregados frente a hospitales y en los lugares de los ataques, exigiendo justicia.
Este tipo de incidentes armados, aunque no frecuentes a esta escala en Turquía, reavivan el debate sobre el control de armas en el país, especialmente de escopetas y rifles de caza de fácil acceso en zonas rurales y semiurbanas. Mersin, una provincia industrial y turística del Mediterráneo turco, había sido relativamente tranquila en términos de violencia armada masiva hasta este suceso.
Hasta el momento, las autoridades continúan recabando testimonios y analizando cámaras de seguridad para reconstruir con precisión la cronología de los hechos. La Fiscalía de Mersin abrió una investigación exhaustiva por homicidio múltiple y otros delitos.
El caso ha generado conmoción nacional. Organizaciones de derechos de las mujeres aprovecharon el suceso para recordar la persistencia de la violencia machista en Turquía y demandar mayor protección para las víctimas de violencia doméstica. Mientras las fuerzas de seguridad prosiguen la cacería humana, las comunidades afectadas permanecen en estado de alerta y duelo por las seis vidas perdidas en una jornada de horror que ha marcado a toda la región.





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