El dólar resiste la guerra con Irán: analistas señalan que su mayor amenaza es interna por déficits fiscales y políticas de la Administración Trump.
La guerra entre EE.UU. e Israel contra Irán ha reabierto el debate sobre si una crisis en el golfo Pérsico puede debilitar la hegemonía del dólar. Analistas coinciden en que el riesgo principal no procede de Teherán ni del petróleo, sino de la propia política económica estadounidense, con déficits fiscales elevados y estrategias arancelarias de la Administración Trump. El dólar mantiene su dominio como divisa de reserva (alrededor del 58% de las reservas globales) y en más de la mitad del comercio internacional, aunque la desdolarización avanza lentamente.
El conflicto en Oriente Medio ha provocado volatilidad en los mercados energéticos, pero no ha logrado alterar de forma estructural el estatus del dólar como moneda principal del sistema financiero mundial.
El declive relativo del petrodólar
Aunque en 2025 alrededor del 80% de las transacciones de crudo se seguían liquidando en dólares, su influencia como motor de demanda ha disminuido. Los países exportadores de petróleo ya no acumulan tantos ingresos en bancos occidentales, sino que los destinan a fondos soberanos orientados a proyectos nacionales y diversificación.
Este cambio reduce la dependencia automática del dólar en el mercado energético. Sin embargo, la moneda estadounidense sigue sustentada en pilares más amplios: su rol central en el comercio internacional, donde representa más del 40-50% de la facturación según datos de JP Morgan, y en los préstamos y emisiones de deuda transfronterizos.
El sistema bancario extraterritorial, que genera dólares fuera de Estados Unidos, continúa siendo un elemento clave de su fortaleza. Este entramado permite que el dólar mantenga liquidez y aceptación global incluso en periodos de tensión geopolítica.
Los aspirantes limitados: euro y yuan
Solo el euro y el yuan representan desafíos potenciales a medio plazo, aunque la distancia permanece significativa. El euro cuenta con un Banco Central Europeo fuerte, plena convertibilidad y mercados de capital profundos. Por su parte, China ha impulsado el uso del yuan, liquidando cerca del 30% de su comercio en su moneda propia y desarrollando sistemas de pago alternativos.
A pesar de estos avances, el dólar domina las obligaciones transfronterizas con cerca del 48% y la emisión de deuda externa con alrededor del 70%, frente al 20% del euro. Los analistas de JP Morgan destacan que la participación del dólar en el comercio global se ha mantenido estable en las últimas dos décadas.
Esta brecha estructural hace improbable un desplazamiento rápido. La desdolarización es una tendencia gradual, con la cuota del dólar en las reservas mundiales descendiendo del 71% en 1999 al 57-58% actual, según datos del FMI.
La amenaza interna desde la política estadounidense
La Administración Trump considera la hegemonía del dólar tanto una ventaja como una carga. Su política de aranceles busca favorecer las exportaciones estadounidenses mientras mantiene las herramientas de sanción y el acceso a financiación barata vía deuda.
Sin embargo, la combinación de recortes fiscales y elevado gasto militar ha ampliado el déficit presupuestario. Este desequilibrio fiscal erosiona la confianza a largo plazo en los bonos del Tesoro estadounidense, que constituyen el fundamento del sistema financiero global.
Expertos citados por Responsible Statecraft señalan que, aunque los errores acumulados hasta ahora no bastan para derribar la centralidad del dólar, cualquier colapso acelerado tendría que originarse desde dentro de Estados Unidos. La percepción de inestabilidad fiscal y el uso del dólar como arma geopolítica generan incentivos para que otros países aceleren alternativas.
En este contexto, la guerra contra Irán añade presión sobre los precios del petróleo, pero no altera los fundamentos estructurales. Los mercados han reaccionado con subidas temporales del crudo, lo que beneficia indirectamente a la demanda de dólares para transacciones energéticas.
Implicaciones geopolíticas y perspectivas
La ironía radica en que la mayor potencia económica mundial se convierte en uno de los principales factores de riesgo para su propia moneda. Mientras el mundo multipolar desarrolla opciones como el yuan, fondos soberanos y canales de pago independientes, las decisiones de política interna en Washington pueden acelerar o frenar la erosión gradual del dólar.
Analistas internacionales coinciden en que un colapso repentino es improbable a corto plazo. No obstante, un deterioro sostenido de las cuentas públicas estadounidenses podría tener consecuencias acumulativas en la confianza global.
Organismos como el FMI y bancos centrales de economías emergentes siguen diversificando reservas, aunque el dólar conserva una posición dominante por su liquidez y estabilidad relativa. La evolución de la política fiscal y comercial de la Administración Trump será clave para determinar si esta tendencia se intensifica.
En los mercados, la reacción inmediata al conflicto con Irán ha sido contenida. Los inversores priorizan datos macroeconómicos internos de EE.UU., como inflación, empleo y déficit, por encima de los riesgos geopolíticos puntuales.
La hegemonía del dólar, construida durante décadas tras la Segunda Guerra Mundial, demuestra resiliencia. Sin embargo, su futuro dependerá más de las decisiones tomadas en Washington que de presiones externas como la actual crisis en el golfo Pérsico.
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