Un sacerdote paraguayo compagina su labor religiosa con el Muay Thai, disciplina en la que ha logrado varios títulos en competición.
El sacerdote paraguayo Diego Pereira, de 43 años, ordenado hace cinco años, ha desarrollado una doble vida entre su labor pastoral y su práctica del Muay Thai, disciplina que comenzó a entrenar durante la pandemia en Paraguay sin revelar inicialmente su condición de religioso. Con el tiempo, su entorno descubrió su vocación y su faceta deportiva, que hoy combina con el apoyo de su comunidad y varios títulos en competición.
Una vocación religiosa compatible con el deporte de contacto
Diego Pereira ejerce como sacerdote en Paraguay desde su ordenación hace cinco años, una etapa en la que ha desarrollado también una actividad paralela en las artes marciales.
Su vinculación con el deporte de contacto se centra especialmente en el Muay Thai, disciplina de origen tailandés basada en golpes de puños, codos, rodillas y piernas.
El sacerdote comenzó a interesarse por este deporte en su infancia, influenciado por películas de acción como Rocky o las interpretaciones de Bruce Lee y Chuck Norris.
Según ha relatado en distintas ocasiones, aquella afición se mantuvo durante años como una curiosidad hasta que decidió dar el paso a la práctica.
El punto de inflexión llegó durante la pandemia, cuando se inscribió en una academia de artes marciales de forma discreta.
Durante los primeros meses, no reveló su condición de sacerdote a su entorno deportivo.
La intención, según ha explicado, era centrarse en el aprendizaje técnico sin condicionantes externos.
Con el tiempo, su entrenador conoció su vocación religiosa, lo que derivó en una reacción de sorpresa inicial y posterior aceptación.
Su comunidad parroquial también terminó conociendo su faceta deportiva, integrándola como parte de su vida personal.
El descubrimiento de su doble vida y el apoyo de su comunidad
La convivencia entre ambas actividades se hizo pública progresivamente, cuando feligreses y miembros de su entorno pastoral comenzaron a coincidir con él en entrenamientos y competiciones.
El sacerdote ha señalado que no percibe contradicción entre su labor religiosa y la práctica del Muay Thai.
En su entorno, la reacción ha sido mayoritariamente de apoyo, según ha relatado en entrevistas locales.
Algunos feligreses han llegado a acompañarlo en competiciones deportivas, convirtiéndose en seguidores habituales de sus combates.
También se han registrado muestras de apoyo en forma de oraciones antes de sus peleas, según su propio testimonio.
El caso ha generado interés en Paraguay por la singular combinación de roles.
El sacerdote insiste en que su actividad deportiva no altera su compromiso religioso ni sus responsabilidades pastorales.
Considera que ambas dimensiones forman parte de una misma vida estructurada en torno a la disciplina.
La práctica del Muay Thai se ha convertido, según explica, en un espacio de equilibrio personal y físico.
El Muay Thai como disciplina de control y crecimiento personal
Diego Pereira defiende que el Muay Thai debe entenderse como una disciplina deportiva basada en el respeto y el control.
En su visión, no se trata únicamente de un deporte de contacto, sino de una práctica que exige concentración, técnica y autocontrol.
El sacerdote sostiene que esta actividad le ha permitido desarrollar habilidades de disciplina aplicables también a su vida pastoral.
En los últimos cuatro años, ha participado en seis combates oficiales.
En ese periodo ha logrado cuatro títulos en diferentes competiciones, según los datos facilitados por su entorno deportivo.
Su trayectoria deportiva ha evolucionado de forma paralela a su actividad como sacerdote.
El equilibrio entre ambas facetas es, según explica, uno de los elementos centrales de su vida cotidiana.
El Muay Thai se ha consolidado como una práctica habitual en su rutina semanal de entrenamiento.
A pesar de su creciente notoriedad, Pereira mantiene su actividad en parroquias locales y continúa vinculado a su labor religiosa en Paraguay.
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