La ola de calor impulsa los precios de la energía y aumenta la presión sobre la economía europea, según analistas.
La intensa ola de calor que afecta a buena parte de Europa está teniendo efectos más allá del ámbito meteorológico. Las altas temperaturas han incrementado la demanda de electricidad, impulsado los precios de la energía y afectado a sectores como el transporte, la sanidad y la actividad laboral, mientras analistas advierten del creciente impacto económico de los episodios climáticos extremos.
El calor dispara la demanda eléctrica y tensiona los mercados
Las elevadas temperaturas han incrementado de forma notable el consumo de electricidad debido al uso intensivo de sistemas de refrigeración en hogares, empresas e instalaciones públicas.
Durante los momentos de mayor demanda, varios mercados eléctricos europeos registraron fuertes incrementos de precios. En Bélgica se alcanzaron picos superiores a los 1.038 euros por megavatio hora (MWh), mientras que en Países Bajos se superaron los 902 euros/MWh y en Alemania los 747 euros/MWh en determinadas franjas horarias.
Los operadores energéticos atribuyen estos repuntes a la combinación de un elevado consumo, una menor disponibilidad de algunas fuentes de generación y las limitaciones propias de las horas de máxima demanda.
El encarecimiento de la electricidad puede trasladarse posteriormente a los costes de producción de empresas y servicios, con efectos sobre distintos sectores de la economía.
La actividad económica también se resiente
Las altas temperaturas han obligado a modificar la actividad en distintos ámbitos, con cierres temporales de centros educativos, cancelaciones de eventos y medidas extraordinarias en hospitales y servicios públicos.
El transporte también ha registrado incidencias en algunos países debido al calor extremo, mientras que empresas de distintos sectores han adaptado horarios y protocolos para reducir la exposición de los trabajadores.
Diversos estudios económicos señalan que la productividad laboral disminuye cuando las temperaturas superan determinados umbrales, especialmente en actividades desarrolladas al aire libre o en espacios con climatización insuficiente.
Los especialistas atribuyen esta reducción al mayor esfuerzo físico, la pérdida de concentración y el impacto que las noches cálidas pueden tener sobre el descanso de los trabajadores.
El cambio climático gana peso en las previsiones económicas
Cada vez más organismos internacionales, aseguradoras y analistas incorporan los fenómenos meteorológicos extremos entre los principales factores de riesgo para el crecimiento económico.
Las estimaciones publicadas por distintas instituciones apuntan a que, si aumenta la frecuencia e intensidad de las olas de calor, algunas economías europeas podrían registrar pérdidas acumuladas de varios puntos del producto interior bruto durante la próxima década.
Además del impacto sobre la productividad, los expertos señalan posibles efectos sobre la inflación, el gasto sanitario, las infraestructuras, la agricultura y los sistemas energéticos.
La evolución de estos factores ha situado la adaptación al cambio climático entre las prioridades de numerosos gobiernos europeos, que trabajan en medidas destinadas a reforzar la resiliencia de las infraestructuras, garantizar el suministro energético y reducir la vulnerabilidad de la economía frente a episodios de calor extremo.





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