Las reservas de gas de la UE bajan del 58 %, mínimos desde 2011. Europa acelera el almacenamiento antes del invierno.
Las reservas de gas de la Unión Europea se encuentran por debajo del 58 % de su capacidad, el nivel más bajo para estas fechas desde 2011, según datos recopilados por Reuters. La situación aumenta la dependencia europea del gas natural licuado (GNL) importado y obliga a competir con los mercados asiáticos por el suministro, mientras crecen las dudas sobre la capacidad de alcanzar el objetivo del 80 % antes del invierno.
Europa afronta los meses previos al invierno con unas reservas de gas significativamente inferiores a las registradas habitualmente en estas fechas.
Los almacenamientos de la Unión Europea se sitúan por debajo del 58 % de su capacidad, de acuerdo con los datos recopilados por Reuters.
El nivel supone el porcentaje más bajo para este momento del año desde 2011 y reduce el margen disponible para afrontar un posible aumento de la demanda durante los meses fríos.
La situación se produce después de varios años de cambios en el sistema energético europeo, marcado por la reducción de la dependencia del gas ruso y por un mayor peso de las importaciones de gas natural licuado.
Europa necesita acelerar el llenado de sus almacenes
Los países europeos utilizan los meses de primavera y verano para incrementar sus reservas de gas antes de la llegada del periodo de mayor consumo.
Durante el invierno, el gas almacenado permite complementar las importaciones y responder a los aumentos de demanda provocados por las bajas temperaturas.
La Unión Europea mantiene como referencia un objetivo de almacenamiento del 80 % antes del invierno, aunque existen mecanismos de flexibilidad en función de las condiciones del mercado y de cada Estado miembro.
El nivel actual obliga a incrementar el ritmo de inyección durante los próximos meses para alcanzar una posición de suministro más cómoda.
La dificultad aumenta porque el gas destinado a almacenamiento debe competir con la demanda inmediata de otros mercados internacionales.
Además, el ritmo de llenado depende de factores como los precios internacionales, la disponibilidad de cargamentos de GNL, la capacidad de las infraestructuras y la evolución del consumo.
Un incremento rápido de las compras europeas podría ejercer presión adicional sobre los precios internacionales.
La competencia con Asia por el GNL aumenta
El cambio en la estructura energética europea ha incrementado la importancia del gas natural licuado.
El GNL permite transportar gas por vía marítima desde países productores hasta terminales de regasificación situadas en distintos puntos del continente.
Esta infraestructura ha permitido a Europa sustituir parte del gas que anteriormente llegaba mediante gasoductos procedentes de Rusia.
Sin embargo, el mercado internacional del GNL es competitivo y Europa comparte proveedores y cargamentos con grandes consumidores asiáticos.
Países como China, Japón y Corea del Sur pueden aumentar sus compras cuando las temperaturas descienden o cuando se producen alteraciones en sus propios mercados energéticos.
Una mayor demanda simultánea en Europa y Asia puede reducir la disponibilidad de cargamentos en el mercado al contado y elevar los precios.
El impacto sobre Europa dependerá también de la capacidad de los países miembros para mantener contratos de suministro, utilizar sus reservas y gestionar conjuntamente la demanda.
La situación del almacenamiento no significa necesariamente que vaya a producirse una escasez durante el próximo invierno.
Las reservas son solo uno de los elementos que determinan la seguridad del suministro, junto con las importaciones, la producción disponible, las interconexiones y la evolución del consumo.
Un invierno frío podría elevar la presión sobre los precios
Uno de los principales factores de riesgo será la evolución de las temperaturas durante el invierno.
Un periodo especialmente frío incrementaría la demanda de gas para calefacción y, en determinados mercados, también para generación eléctrica.
Con unas reservas inferiores a las habituales, un aumento significativo del consumo podría obligar a realizar compras adicionales en el mercado internacional.
La combinación de bajas temperaturas y problemas de suministro podría provocar nuevas subidas de los precios energéticos.
También existe el riesgo de que se produzcan interrupciones inesperadas en infraestructuras de producción, transporte o regasificación.
En ese escenario, Europa tendría que recurrir con mayor intensidad a sus reservas y aumentar las compras de GNL para compensar cualquier reducción del suministro.
Los analistas consultados por Reuters mantienen dudas sobre la posibilidad de que la Unión Europea alcance el objetivo del 80 % con suficiente margen antes de la llegada del invierno.
El cumplimiento de esa meta dependerá, entre otros factores, de la evolución de los precios y de la disponibilidad de gas durante las próximas semanas.
La situación también vuelve a situar la seguridad energética entre las prioridades económicas de la Unión Europea.
Un aumento de los precios del gas puede trasladarse a los mercados eléctricos y elevar los costes para hogares y empresas.
Además, la industria intensiva en energía podría verse afectada si el coste del suministro aumenta de forma prolongada.
Europa llega así a la recta final del periodo de almacenamiento con unas reservas inferiores a las registradas en años anteriores.
La evolución del ritmo de llenado durante agosto y septiembre será determinante para conocer con mayor precisión la posición con la que el continente afrontará el invierno.
Si las temperaturas se mantienen dentro de los valores habituales y los suministros internacionales continúan fluyendo con normalidad, la situación podría gestionarse sin problemas de abastecimiento.
En cambio, un invierno especialmente frío, una mayor competencia por el GNL o nuevas interrupciones del suministro podrían aumentar la presión sobre el mercado energético europeo.





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