Vímana es, según la creencia hindú, una mítica máquina voladora que aparece en la literatura de la India. Las referencias sobre éste in...
Vímana es, según la creencia hindú, una mítica máquina voladora que aparece en la literatura de la India. Las referencias sobre éste increíble artefacto se hace presente en numerosos textos antiguos. En ciudades antiguas tienen restos y esculturas que indican la creencia de que los seres humanos tienen la capacidad de viajar a través del aire. Algunos argumentan que estos artefactos representan animales, sin embargo, no hay suficiente información sobre quienes eran realmente esa antigua civilización, lo que vierte ciertas dudas como, ¿qué eran capaces de crear y cuánto de ella queda por descubrir? ¿Acaso los dioses y diosas de las leyendas realmente existieron en realidad
Hay diferentes tipos de ellas, pero la mayoría de las descripciones son similares a los actuales avistamientos reportados en todo el mundo. Aparecen en los antiguos textos sánscritos como objetos cilíndricos de acero o de oro, capaces de volar en todas las direcciones y cubrir la distancia en cuanto a las regiones estelares. Algunos de ellos podrían ser utilizados tanto en el aire como en el agua y se volvían invisibles cuando era necesario, llevando a miles de pasajeros a través del aire.
El Vymaanika-Shaastra es un documento del siglo IV a.C. que se basa en los Vedas para describir cómo utilizar una nave Vimana, cómo protegerse de las tormentas en vuelos cortos y la forma de utilizar la energía solar. También enumera los materiales que absorben el calor y la luz que se necesitan para construir las máquinas voladoras y viajar a otros planetas.
Existe la creencia instaurada desde tiempos remotos, que nuestro Planeta Tierra ha sido visitado por seres extraterrestres, sin embargo, pocas pruebas existen para demostrar ésta teoría.
Las descripciones en los Vedas ,especialmente en el Majábharata y el Bhágavat Puraná muestran vímanas de diferentes tamaños y formas, como un carro o carroza de los dioses, como un mítico automóvil aéreo, a veces funcionando como un mero asiento o trono fijo, otras veces moviéndose por sí mismo y cargando a su ocupante a través del aire. Otras descripciones hacen de las vimanas más como una casa o palacio (se cuenta de uno que tenía siete pisos de altura).
La cultura de la India es particularmente rica en antiguos textos que describen naves voladoras de las más variadas formas, colores y tamaños a las cuales llaman vímanas o pushpaka, nombrados en antiguos textos, algunos difíciles de datar, tales como el Majábharata, el Ramayana, el Kirataryuníia, y el Samarangana Subtrahara.
En las páginas del Ramayana, hay un gran poema épico hindú atribuido al poeta Valmiki,en el que se encuentran alusiones a carros voladores que habrían sido utilizados en el curso de las guerras entre los dioses del panteón hindú.
Mientras se iban desarrollando estos artefactos, Rama, el Kakutsida, le dijo a Vibhishana: “Ocúpate de procurarme un pronto regreso a mi ciudad. El camino a Ayodhyá es muy difícil de recorrer”. A lo que respondió Vibhishana: “Hijo de monarca de la Tierra, yo cuidaré que te conduzcan a tu ciudad. Hay un carro llamado pushpaka, carro incomparable, resplandeciente como el Sol y que marcha por sí mismo. Montado sobre ese carro, él te conducirá sin inquietud hasta Aiodhiá”.
Tras estas palabras Vibhishana llamó urgentemente al carro parecido al Sol, acompañado por su hermano y por la ilustre videhana, encendida de rubor. El raghuida, ya montado, le dijo a Sugriva: “Apresúrate a subir en el carro con tus generales, Sugriva. Sube también con tus ministros, Vibhishana, monarca de los rakshasas”. Al instante, Sugriva con los reyes de los simios, y Vibhishana con sus ministros, llenos de alegría, montaron en el gran carro pushpaka. Cuando todos estuvieron embarcados, Rama ordenó al vehículo que partiese y el incomparable carro de Kuvera se elevó hacia el mismo seno de los cielos. El carro volaba como una gran nube empujada por los vientos. Desde allí paseando su mirada por doquier, el guerrero descendiente de Raghú, dijo a Sita la mithiliana, la del rostro bello como el astro de la noche: “Mira, ya veo el palacio de mi madre… ¡Ayodhyá! ¡Inclínate ante ella, Sita, mi videhana, hete aquí de regreso”!
Apenas la muchedumbre, presurosa, les vio llegar como un segundo sol y con tan rápida marcha, el aire fue rasgado con potentes gritos de alegría, lanzados por ancianos, mujeres y niños. Todos gritaban: “¡Aquí está Rama!”. Bharata, pasando de la tristeza a la alegría, se acercó, con las manos juntas y honró a Rama: “Sé bienvenido”, pronunció, con el respeto que le merecía su hermano. Pero éste se apresuró a alzarlo, lo apretó contra su pecho y lo estrechó entre sus brazos con alegría.





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