Pedro Sánchez ha comparecido como quien lanza un salvavidas, no al partido, sino a su propia investidura. La jugada es de manual: expulsa a ...
Pedro Sánchez ha comparecido como quien lanza un salvavidas, no al partido, sino a su propia investidura. La jugada es de manual: expulsa a Ábalos, acepta la dimisión de Cerdán, promete una auditoría externa… pero elude lo esencial: reconocer que el PSOE, bajo su liderazgo, tejió una red de poder donde la opacidad era funcional, no accidental.
Decir “pido perdón” suena bien. Decirlo sin tocar las estructuras que lo hicieron necesario, es cálculo. Mientras los contratos amañados del “caso Koldo” salpican Transportes, mascarillas, intermediarios y favores en cadena, Sánchez intenta convencer al país de que todo se reduce a una mala elección de amistades.
Lo más grave no es lo que dice. Es lo que no dice.
No habla del modelo de adjudicación, de los fondos COVID sin fiscalización, de cómo se protegió durante años a personajes que ahora califica de “repugnantes”. No explica cómo un partido con miles de cargos electos no detectó nada hasta que la UCO entró por la puerta.
Sánchez se atrinchera: “No habrá elecciones hasta 2027”. Lo repite como mantra. Pero en la calle y en los escaños aliados ya no convence. ERC y BNG exigen comparecencias con papeles; Sumar pide una regeneración que no sea cosmética. Incluso en su propio partido hay quien empieza a preguntarse cuánto cuesta la lealtad.
La auditoría anunciada puede ser útil. Pero no es neutral: la fiscalización no es una escenografía que se activa por presión mediática. Se debería haber hecho antes, no después del escándalo.
El PSOE necesitaba una purga ética. Sánchez ha optado por una purga estratégica.
Y en ese gesto —el de salvar la silla sacrificando al peón— está todo dicho.
¿Por qué importa?
Porque estamos ante una encrucijada: o se limpia a fondo o se blanquea la inercia. La corrupción política no se combate solo con palabras, ni con gestos. Se combate cuando el poder se deja investigar incluso cuando no conviene. Si no, es maquillaje. Y el maquillaje, cuando suda, cae.





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