Italia y España se encuentran inmersas en una ola de calor típica de sus veranos, aunque excepcionalmente intensa este año, con temperaturas...
Italia y España se encuentran inmersas en una ola de calor típica de sus veranos, aunque excepcionalmente intensa este año, con temperaturas que han llevado a las ciudades a emitir alertas rojas ya las regiones a plantear medidas drásticas, como prohibiciones laborales al aire libre. Este fenómeno, que coincide con el inicio del pico estival, ha sido pronosticado por las agencias meteorológicas nacionales —AEMET en España e ILMeteo en Italia— como un evento prolongado que podría extenderse hasta mediados de julio, afectando a millones de personas y generando preocupaciones por la salud pública y la economía. Las autoridades han activado planes de emergencia, mientras las temperaturas superan los 38 °C en gran parte del Mediterráneo, evocando recuerdos de olas de calor históricas como la de 2003.
En España, ciudades como Sevilla, Córdoba y Zaragoza han declarado alertas rojas tras registrar máximas de 40 °C el lunes, con proyecciones de alcanzar los 42 °C en el valle del Guadalquivir el martes. AEMET ha identificado una masa de aire sahariano como la causa principal, combinada con la sequía persistente que ha reducido la humedad y amplificado el calor. En Andalucía, la Junta está evaluando prohibir trabajos agrícolas y de construcción entre las 12:00 y las 18:00, una medida que ya se aplicó con éxito en 2017. En Madrid, el Ayuntamiento ha abierto 200 puntos de refrigeración y ha recomendado teletrabajo, mientras los hospitales reportan un aumento del 18% en ingresos por golpe de calor, especialmente entre mayores de 65 años. La ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, ha instalado a la población a extremar precauciones, destacando que el cambio climático agrava estas condiciones estacionales.
Italia se enfrenta a un escenario similar, con Roma, Nápoles y Palermo bajo alertas rojas tras superar los 39 °C el lunes, y Milán alcanzando los 37 °C. El Ministerio de Salud ha activado el nivel 3 del Plan de Calor, el más alto, con 12 ciudades en alerta máxima. En Sicilia, las autoridades regionales han propuesto suspender trabajos al aire libre en sectores como la agricultura y la construcción, afectando a millas de trabajadores migrantes y locales, mientras los bomberos luchan contra 30 incendios forestales activos, concentrados en Calabria y Puglia. El primer ministro Giorgia Meloni ha anunciado una inversión de 50 millones de euros para reforzar la infraestructura contra el calor, incluyendo más puntos de agua y aire acondicionado en escuelas y hospitales. El tráfico en autopistas ha caído un 15% debido a restricciones para camiones, y las líneas de tren de alta velocidad enfrentan retrasos por el calor que deforma las vías.
El impacto económico y social es notable. En España, el sector turístico, que representa el 12% del PIB, podría resentirse si las restricciones laborales afectan a las obras en marcha, mientras que en Italia, la producción agrícola, especialmente de olivos y viñedos, está en riesgo, con pérdidas preliminares estimadas en 200 millones de euros. La sequía, que afecta al 85% de los cultivos españoles y al 70% de los italianos, agrava la situación, con el río Po y el Ebro en niveles críticos. En redes sociales, los hashtags #OlaDeCalor2025 y #CaldoItaliano se han viralizado, con usuarios compartiendo consejos y fotos de calles desiertas, aunque algunos critican la falta de inversión previa en adaptación climática.
Los expertos del IPCC advierten que estas olas, aunque habituales, se están intensificando por el cambio climático, con proyecciones de picos de 45 °C para 2030 si no se reducen las emisiones. Ambos gobiernos han coordinado con la UE para solicitar fondos de emergencia, mientras la población se prepara para un verano que promete ser uno de los más calurosos en décadas, con alertas que podrían extenderse a Francia y Portugal en los próximos días.





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