La isla griega de Lesbos ha logrado detener por completo la llegada de inmigrantes ilegales, pasando de registrar unas 3,000 entradas semana...
La isla griega de Lesbos ha logrado detener por completo la llegada de inmigrantes ilegales, pasando de registrar unas 3,000 entradas semanales en su pico histórico a ninguna en los últimos siete días, según datos locales y publicaciones en redes sociales. Este drástico cambio se atribuye al rechazo del plan de fronteras abiertas propuesto por la Unión Europea (UE) y a la implementación de una política de devoluciones en caliente, mediante la cual las autoridades griegas interceptan embarcaciones precarias —conocidas como pateras— y las devuelven a aguas turcas, país considerado un "tercer país seguro" por el gobierno heleno. Desde 2015, cuando Lesbos fue epicentro de la crisis migratoria con más de 3,000 llegadas diarias, la tendencia ha disminuido progresivamente, alcanzando 1,700 entradas en lo que va de 2025, una cifra que refleja la efectividad de las medidas adoptadas tras el endurecimiento de la política migratoria en 2019 bajo el gobierno de Nueva Democracia.
La estrategia, que incluye patrullas marítimas coordinadas por la Guardia Costera griega y la designación de Turquía como destino seguro desde 2021, ha reducido las llegadas a mínimos históricos, según residentes como el pescador Thanassis Marmarinos, quien afirmó que "la situación era insostenible antes, pero ahora podemos vivir tranquilos". Las devoluciones se realizan en alta mar, a menudo a pocos kilómetros de la costa turca, tras identificar a los ocupantes y verificar su origen, principalmente sirios, afganos y somalíes. Aunque la UE ha cuestionado la legalidad de estas prácticas, calificándolas de "pushbacks" contrarios al derecho internacional, el gobierno griego defiende que protegen las fronteras exteriores de Europa y disuaden a las redes de traficantes, que han redirigido sus rutas hacia islas menos vigiladas como Gavdos, donde se reportaron 400 llegadas en un solo día la semana pasada.
El éxito de Lesbos contrasta con la presión migratoria en otras zonas del Mediterráneo oriental. Mientras la isla ha estabilizado su situación, con una caída del 75% en muertes relacionadas con travesías desde 2015, activistas denuncian que las devoluciones exponen a los migrantes a riesgos en Turquía, donde las condiciones para refugiados son inciertas. El gobierno heleno, por su parte, planea endurecer aún más su postura con un proyecto de ley que amplía las penas por entrada ilegal a cinco años y extiende la detención previa a deportación a dos años, esperado para su aprobación este verano. Esta política ha generado división: algunos la ven como un modelo para Europa, mientras otros la critican como una violación de los derechos humanos, especialmente tras reportes de violencia durante las interceptaciones.
En redes sociales, la noticia ha desatado un debate intenso, con usuarios celebrando la "soberanía griega" y otros alertando sobre el impacto humanitario. El gobierno de Atenas asegura que su enfoque, financiado en parte por fondos europeos, demuestra que la crisis migratoria es manejable con decisiones firmes, aunque la UE ha advertido que podría revisar el apoyo financiero si persisten las denuncias de abusos. Con el mar Egeo en calma esta semana, Lesbos permanece bajo vigilancia estricta, mientras las rutas migratorias se desplazan y el resto de Europa observa de cerca los resultados de esta apuesta unilateral.





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