México enfrenta una escalada alarmante de violencia que ha conmocionado al país con dos incidentes trágicos en menos de 24 horas. En Tabasco...
México enfrenta una escalada alarmante de violencia que ha conmocionado al país con dos incidentes trágicos en menos de 24 horas. En Tabasco, el sacerdote Héctor Alejandro Pérez, párroco de la iglesia San Francisco de Asís en la colonia Gaviotas Sur de Villahermosa, fue tiroteado la madrugada del lunes 30 de junio alrededor de las 5:45 horas mientras se dirigía a visitar a un enfermo. Según la Diócesis de Tabasco, el religioso de 30 años recibió múltiples disparos en el tórax y el abdomen por parte de agresores que viajaban en una motocicleta. Tras ser auxiliado por vecinos y trasladado al Hospital Rovirosa, permanece en estado grave, sometido a una cirugía de emergencia que dejó heridas internas severas, incluyendo una hemorragia de un litro y daños en el hígado y el colon. El gobernador Javier May Rodríguez lamentó el ataque, aseguró que el sacerdote está estable pero en estado crítico, y prometió "cero impunidad", aunque no se han identificado a los responsables.
Simultáneamente, en Sinaloa, un hallazgo macabro estremeció a la población cuando, la noche del domingo 29 de junio, alrededor de las 23:30 horas, se descubrieron 20 cadáveres en la carretera México 15, al norte de Culiacán. Cuatro de las víctimas fueron halladas colgadas de un puente, decapitadas, con sus cabezas dentro de una bolsa de plástico cercana, mientras que los otros 16 estaban amontonados dentro de una camioneta blanca, uno de ellos también decapitado. La Fiscalía General del Estado confirmó que todos presentaban heridas de bala, y una lona con mensajes escritos en el lugar apunta a un ajuste de cuentas entre facciones del Cártel de Sinaloa, específicamente entre los hijos de Ismael "El Mayo" Zambada y los de Joaquín "El Chapo" Guzmán, conocidos como Los Chapitos. Este episodio se enmarca en una guerra interna que ha dejado más de 1,200 muertos y 1,400 desaparecidos desde septiembre de 2024, según estimaciones locales.
La violencia ha generado una ola de indignación y temor. En Tabasco, la comunidad católica ha pedido donadores de sangre y oraciones por el padre Pérez, mientras la Diócesis sugiere que el ataque pudo ser un error de identidad, aunque no descartan motivaciones delictivas en una región donde la disputa entre cárteles como Jalisco Nueva Generación y La Barredora ha escalado. En Sinaloa, los bloqueos previos en Navolato y la exposición pública de los cuerpos reflejan una estrategia de intimidación que ha cerrado negocios y suspendido clases, con vecinos denunciando una normalización del horror. El gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, aliado del gobierno federal, enfrenta críticas por la falta de control, mientras la presidenta Claudia Sheinbaum reconoce la creciente inseguridad, aunque su estrategia militarizada sigue siendo cuestionada.
Las redes sociales se han llenado de hashtags como #JusticiaParaHéctor y #SinaloaEnCrisis, con opiniones divididas entre quienes exigen mayor presencia militar y quienes culpan a las políticas antidrogas por exacerbar el conflicto. Expertos en seguridad advierten que esta oleada podría extenderse a otros estados como Sonora y Baja California, donde el cártel tiene influencia, mientras el gobierno federal refuerza operativos en Tabasco tras el despliegue de 220 elementos en febrero. Estos incidentes subrayan una crisis de violencia que desafía las promesas de paz de la administración actual, dejando a México en un punto crítico de inseguridad y dolor social.





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