Estados Unidos ha escalado su estrategia antidroga en América Latina al desplegar tres destructores equipados con misiles guiados hacia las ...
Estados Unidos ha escalado su estrategia antidroga en América Latina al desplegar tres destructores equipados con misiles guiados hacia las costas de Venezuela, una operación que se espera culmine con la llegada de los buques en las próximas 36 horas, según confirmaron fuentes oficiales citadas por Reuters esta mañana. Los destructores, identificados como el USS Gravely, el USS Jason Dunham y el USS Sampson, partirán desde bases en el Caribe y el Atlántico y están programados para estar posicionados frente a las aguas venezolanas para la noche del miércoles 20 de agosto, hora local (jueves 21 de agosto a las 02:00 CEST). Esta maniobra, autorizada por el presidente Donald Trump como parte de su política de combatir los cárteles de la droga clasificados como organizaciones terroristas, incluye la posibilidad de utilizar los buques para ataques de precisión, según un alto oficial estadounidense que habló bajo condición de anonimato, intensificando las tensiones con el gobierno de Nicolás Maduro.
La operación, que involucra a unos 4,000 marinos y marines, forma parte de un esfuerzo más amplio en el sur del Caribe que también contará con varios aviones espía P-8 Poseidon, buques adicionales y al menos un submarino de ataque, según detalló el Comando Sur de EE.UU. en un comunicado. El objetivo principal es interrumpir las rutas de narcotráfico controladas por grupos como el Cartel de los Soles, vinculado al régimen de Maduro, y el Tren de Aragua, ambos designados como amenazas terroristas en febrero de 2025. Fuentes indican que los destructores, equipados con sistemas Aegis, podrían lanzar misiles Tomahawk si se detectan objetivos específicos, como embarcaciones de contrabando o almacenes en la costa, una capacidad que ha sido utilizada previamente en operaciones contra carteles en el Pacífico. La decisión sigue a meses de presión de Trump para endurecer la seguridad fronteriza y limitar la migración, con un enfoque renovado tras la designación de estos grupos como terroristas.
La reacción de Venezuela no se ha hecho esperar. El ministro de Comunicación, Freddy Ñáñez, emitió un comunicado condenando la movida como "una amenaza imperialista" y anunció el despliegue de patrullas navales y milicianos para "defender la soberanía", mientras el presidente Maduro, en un discurso televisado hoy, calificó la acción como "un acto de guerra disfrazado de lucha antidroga". La oposición venezolana, liderada por María Corina Machado, ha pedido cautela, sugiriendo que podría ser una oportunidad para presionar al régimen, pero la comunidad internacional, incluida la ONU, ha instado a la desescalada. En redes sociales, el hashtag #VenezuelaUnderThreat ha ganado fuerza, con videos de preparativos militares venezolanos y debates sobre las implicaciones de un posible conflicto, mientras algunos usuarios en X especulan sobre un respaldo ruso a Maduro.
El contexto agrava la situación: mientras España lucha contra incendios que han devastado más de 60,000 hectáreas y Sánchez visita Ourense y León hoy, esta operación coincide con la cumbre Putin-Trump en Alaska, donde se han discutido temas de seguridad global, y la reciente oferta de Zelenski de comprar armas por 77,000 millones de euros. Analistas sugieren que Trump podría estar usando esta maniobra para fortalecer su imagen interna tras críticas por posibles concesiones a Rusia, pero el riesgo de un enfrentamiento en el Caribe podría alterar el equilibrio regional, especialmente con las capacidades de los destructores listas para actuar en cualquier momento.
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