Un desastre ecológico y social sacude la región de Cáceres tras la decisión del Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO), a través d...
Un desastre ecológico y social sacude la región de Cáceres tras la decisión del Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO), a través de la Confederación Hidrográfica del Guadiana (CHG), de vaciar completamente el embalse de Alcollarín, que albergaba 50 hectómetros cúbicos —equivalentes a 50,000 millones de litros— de agua, con el objetivo de erradicar al pez invasor Pseudorasbora parva. La polémica medida, ejecutada a partir de junio tras meses de planificación, ha generado un antes y un después en la cuenca del río Alcollarín, cuya capacidad máxima se alcanzó en mayo, cuando el embalse regulaba el caudal y desempeñaba un papel crucial en el equilibrio ambiental de la zona, sustentando ecosistemas locales y comunidades agrícolas. La drástica intervención ha dejado el embalse seco, exponiendo su lecho y desencadenando críticas por sus impactos ambientales y económicos, mientras el MITECO defiende la acción como necesaria para combatir la proliferación de esta especie invasora originaria de China.
El proceso comenzó el 15 de junio, cuando la CHG ordenó la apertura de compuertas para drenar el embalse, una operación que culminó en julio y que buscaba eliminar a la Pseudorasbora parva, un pez introducido accidentalmente en los años 90 y que se ha convertido en una amenaza ecológica al competir con especies autóctonas como la boga y el barbo por recursos alimenticios. Según un informe técnico del MITECO, este pez, de pequeño tamaño pero alta reproductividad, se había extendido desde Alcollarín hacia el río Ruecas y el Guadiana, afectando la biodiversidad y justificando una medida extrema tras el fracaso de métodos químicos previos. La operación incluyó el uso de redes y trampas para capturar al pez, aunque expertos independientes cuestionan su eficacia, estimando que miles de especímenes pudieron escapar por los canales de drenaje antes del vaciado completo.
El impacto ha sido devastador: el secado del embalse ha destruido hábitats de aves migratorias como la garza real y la cigüeña negra, que dependían de sus aguas, y ha afectado a los cultivos de regadío en municipios como Alcollarín y Zorita, donde agricultores denuncian pérdidas de hasta el 70% de sus cosechas de maíz y alfalfa. La Confederación Hidrográfica asegura que el embalse se rellenará gradualmente con las lluvias otoñales, pero las previsiones meteorológicas sugieren un invierno seco, lo que podría prolongar la crisis. Las comunidades locales, organizadas en plataformas como "Salvemos Alcollarín", han acusado al MITECO de "negligencia ecológica", argumentando que el vaciado pudo evitarse con estrategias menos invasivas, como la introducción de depredadores naturales. En redes sociales, el hashtag #AlcollarínSeco ha ganado tracción, con videos del lecho reseco y protestas en Cáceres mostrando pancartas que reclaman responsabilidades.
El MITECO ha defendido la medida como un acto de "gestión sostenible", destacando que la Pseudorasbora parva, al carecer de depredadores locales, amenaza la cuenca del Guadiana, un sistema hídrico vital para Extremadura. Sin embargo, ecologistas de Greenpeace España han criticado la falta de estudios de impacto previos, señalando que el vaciado ha liberado sedimentos contaminados que ahora afectan el río Alcollarín. El caso ha reabierto el debate sobre la gestión de especies invasoras, con el MITECO planificando monitoreos futuros, mientras las autoridades locales exigen compensaciones económicas y un plan de recuperación. Este desastre ecológico, ocurrido en pleno verano de incendios y tensiones hídricas, pone en jaque la estrategia ambiental del Gobierno, dejando a Cáceres como un símbolo de las complejas decisiones que enfrenta España en su lucha por el equilibrio natural.
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