El Tribunal de Primera Instancia de Rabat condenó el 3 de septiembre de 2025 a la activista feminista marroquí Ibtissame "Betty" L...
Ibtissame Lachgar, de 50 años, psicóloga clínica y cofundadora del Movimiento Alternativo por las Libertades Individuales (MALI), es una figura conocida en Marruecos por su activismo en favor de los derechos de las mujeres, la comunidad LGBTQ+ y la secularización del país. El 31 de julio de 2025, Lachgar compartió en su cuenta de X una imagen de sí misma luciendo una camiseta con el mensaje "Alá es lesbiana", en respuesta a acusaciones de que estaba desviando a otros de la religión. En su publicación, escribió: "En Marruecos, camino con camisetas que llevan mensajes contra las religiones, el islam, etc. Nos cansan con su santurronería, sus acusaciones. Sí, el islam, como cualquier ideología religiosa, es fascista, falocrático y misógino". Esta acción provocó una oleada de reacciones, incluyendo miles de insultos sexistas, amenazas de muerte, violación y pedidos de linchamiento o lapidación.
El 10 de agosto, las autoridades marroquíes iniciaron una investigación bajo el artículo 267-5 del Código Penal, que castiga las ofensas públicas al islam con hasta cinco años de prisión y multas de hasta 200,000 dirhams (unos 18,900 euros). Lachgar fue arrestada el 11 de agosto y puesta en prisión preventiva en el centro penitenciario de El Arjat, cerca de Rabat, donde ha permanecido en aislamiento. Durante el juicio, la Fiscalía argumentó que tanto la camiseta como el comentario en redes sociales constituían una ofensa grave a la religión islámica, un pilar fundamental de la identidad marroquí según la Constitución del país.
La defensa de Lachgar, compuesta por cinco abogados, pidió la absolución, argumentando que sus acciones se enmarcan en el derecho a la libertad de expresión y forman parte de una protesta feminista global. Según su abogada, Naima Elguellaf, el mensaje de la camiseta no tenía la intención de ofender al islam, sino que era una crítica ideológica a las estructuras patriarcales de las religiones organizadas. Además, destacaron la grave situación de salud de Lachgar, quien está en tratamiento por cáncer y enfrenta una posible amputación de un brazo debido a una cirugía programada para septiembre de 2025. Durante las audiencias, Lachgar apareció con un cabestrillo en el brazo y una bufanda, mostrando signos visibles de deterioro físico.
A pesar de las múltiples solicitudes de libertad provisional por motivos de salud, el tribunal rechazó las peticiones, manteniendo a Lachgar en detención. Su hermana, Siam Lachgar, expresó desde Francia su preocupación por las condiciones de reclusión y las amenazas recibidas, señalando que la activista ha sido objeto de ciberacoso continuo desde la publicación de la imagen. La defensa calificó la sentencia como "dura" y "catastrófica", advirtiendo que la salud de Lachgar podría empeorar fatalmente en prisión. Anunciaron que presentarán una apelación, argumentando que el fallo viola los derechos fundamentales de libertad de expresión garantizados por tratados internacionales firmados por Marruecos.
El caso de Lachgar ha polarizado a la sociedad marroquí. Por un lado, sectores conservadores, como el exministro y miembro del partido islamista Justicia y Desarrollo, Mustapha Ramid, defendieron la sentencia, afirmando que la libertad de expresión no debe incluir insultos graves a las creencias religiosas. Ramid señaló: "El derecho a la libertad de expresión es amplio, pero no se extiende a burlarse de las creencias de las personas ni a tolerar insultos graves a su religión". Por otro lado, organizaciones de derechos humanos como la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH) condenaron la detención como una violación de la libertad de expresión, y su presidenta, Souad Brahma, se unió al equipo legal de Lachgar.
A nivel internacional, el caso ha atraído la atención de colectivos feministas y organizaciones de derechos humanos. La Federación de Asociaciones de Derechos de las Mujeres de Marruecos calificó el caso como "profundamente preocupante" y una violación de las leyes que protegen la libertad de expresión. En Londres, el 28 de agosto, se llevó a cabo una protesta frente a la Embajada de Marruecos exigiendo la liberación de Lachgar, mientras que en París, el 15 de agosto, el Frente Feminista Internacional y el Partido Comunista Francés denunciaron el arresto como "injusto y violento". La National Secular Society (NSS) del Reino Unido y la Freedom From Religion Foundation (FFRF) de Estados Unidos también instaron a Marruecos a liberar a Lachgar y abolir sus leyes de blasfemia, calificándolas de "reliquias de la Edad Media" que violan los derechos humanos.
Una petición en línea para exigir la libertad de Lachgar ha reunido más de 3,700 firmas, y se espera que su caso sea discutido en la conferencia feminista FiLiA2025 en Brighton, donde estaba programada para hablar. Sin embargo, en Marruecos, el apoyo local de grupos progresistas ha sido limitado, ya que algunos consideran que el estilo confrontacional de Lachgar podría ser contraproducente en un país donde las mujeres aún luchan por derechos básicos como la custodia de hijos y la pensión alimenticia.
En Marruecos, la religión islámica tiene un estatus privilegiado, protegido por la Constitución y el Código Penal, que prohíbe cualquier expresión que critique el islam, la monarquía o la integridad territorial. Casos de blasfemia, aunque poco frecuentes, generan titulares, como el de una bloguera sentenciada a cinco años de prisión en 2022 por publicaciones satíricas sobre el Corán. Lachgar, conocida por acciones provocadoras como un picnic público durante el Ramadán en 2009 y un "beso colectivo" en 2013 en apoyo a adolescentes acusados de indecencia, ha desafiado repetidamente estas normas, enfrentando amenazas y arrestos previos.
La sentencia de Lachgar pone de relieve las tensiones entre las leyes de blasfemia de Marruecos y las demandas de mayor libertad de expresión en un país considerado políticamente moderado en comparación con otros de la región. Aunque el fallo puede ser apelado, la detención de Lachgar en condiciones de aislamiento y su delicado estado de salud han intensificado las críticas internacionales, con llamados al gobierno marroquí para revisar sus leyes de blasfemia y garantizar el respeto a los derechos humanos.
El caso también plantea preguntas sobre el equilibrio entre la libertad de expresión y el respeto a las sensibilidades religiosas en sociedades conservadoras. Mientras los defensores de Lachgar argumentan que su arresto es un intento de silenciar el disenso, las autoridades marroquíes sostienen que sus acciones cruzaron una línea roja al ofender a una mayoría religiosa. La apelación de la sentencia será un punto clave para determinar si Marruecos ajustará su enfoque hacia las críticas religiosas o mantendrá su postura estricta.
En conclusión, la condena de Ibtissame Lachgar no solo representa un revés para el activismo feminista y secular en Marruecos, sino que también subraya los desafíos de defender la libertad de expresión en un contexto donde la religión y el Estado están profundamente entrelazados. Su caso seguirá siendo un punto de referencia en el debate global sobre los derechos humanos y las leyes de blasfemia.





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