Miles de jóvenes y estudiantes de Nepal, autodenominados como parte de la "Generación Z", tomaron las calles de Katmandú y otras c...
Miles de jóvenes y estudiantes de Nepal, autodenominados como parte de la "Generación Z", tomaron las calles de Katmandú y otras ciudades del país el lunes 8 de septiembre de 2025, en respuesta a la prohibición gubernamental de 26 plataformas de redes sociales, incluidas Facebook, Instagram, WhatsApp, YouTube, X y LinkedIn. La medida, implementada el 4 de septiembre, fue justificada por el gobierno del primer ministro K.P. Sharma Oli como un esfuerzo para combatir la desinformación, el discurso de odio y los fraudes en línea, exigiendo que las plataformas se registraran localmente. Sin embargo, los manifestantes denunciaron esta acción como un intento de censura para restringir la libertad de expresión y controlar la narrativa política en un país donde el acceso a internet es crucial para cerca del 90% de sus 30 millones de habitantes.
Las protestas, que comenzaron de manera pacífica en el área de New Baneshwor en Katmandú, escalaron rápidamente cuando los manifestantes, muchos de ellos estudiantes en uniformes escolares portando banderas de Nepal y pancartas con lemas como “Detengan la prohibición de las redes sociales” y “Jóvenes contra la corrupción”, intentaron romper las barricadas policiales para ingresar al complejo del Parlamento. La respuesta policial fue brutal: se emplearon gases lacrimógenos, cañones de agua, balas de goma y, según denuncias de organizaciones como Amnistía Internacional, incluso munición real. El saldo de la represión fue devastador: al menos 19 personas murieron, muchas con heridas de bala en la cabeza y el pecho, y más de 400 resultaron heridas, incluyendo un centenar de policías, según fuentes oficiales y medios locales como The Kathmandu Post.
El descontento no se limitó a la capital; las manifestaciones se extendieron a otras ciudades como Pokhara y Sunsari, donde se reportaron dos muertes adicionales. Los jóvenes, además de exigir la restauración de las redes sociales, aprovecharon las protestas para denunciar la corrupción endémica, el nepotismo y la precariedad económica que afecta al país, donde el desempleo alcanza el 10.7% y el PIB per cápita es de apenas 1,447 dólares, según datos del Banco Mundial. Plataformas como TikTok, que no fue bloqueada, se convirtieron en un medio clave para viralizar videos que contrastaban las dificultades de la población con el estilo de vida lujoso de los hijos de políticos, avivando aún más la ira popular.
La escalada de violencia llevó al gobierno a imponer un toque de queda en Katmandú hasta las 22:00 horas del lunes, mientras los enfrentamientos continuaban en las calles. La presión de las protestas y la condena internacional, incluyendo llamamientos de la ONU y Amnistía Internacional para una investigación transparente, obligaron al gobierno a dar marcha atrás. En la madrugada del 9 de septiembre, tras una reunión de emergencia del gabinete, el ministro de Comunicaciones y Tecnología, Prithvi Subba Gurung, anunció la revocación de la prohibición, permitiendo que las plataformas volvieran a operar. Sin embargo, la decisión no calmó del todo los ánimos, ya que las protestas continuaron el martes, con manifestantes exigiendo justicia por las víctimas y reformas estructurales para abordar la corrupción y la desigualdad.
La represión también tuvo consecuencias políticas inmediatas: el ministro del Interior, Ramesh Lekhak, presentó su dimisión como un gesto de responsabilidad ante la magnitud de la violencia. La coordinadora residente de la ONU en Nepal, Hanna Singer Hamdy, describió la situación como “inédita” para un país que no está acostumbrado a este nivel de violencia, mientras que organizaciones de derechos humanos como Access Now señalaron que la prohibición violaba la libertad de expresión garantizada por la Constitución nepalí de 2015.
Este episodio refleja una creciente tensión entre el gobierno nepalí y su juventud, que ve en las redes sociales no solo una herramienta de comunicación, sino un espacio vital para la organización política, la educación y el comercio. La revocación de la prohibición marca una victoria parcial para los manifestantes, pero la crisis pone en evidencia los desafíos de un país que lucha por equilibrar la regulación digital con los derechos fundamentales, en un contexto de descontento social y económico. Las protestas de la Generación Z podrían ser un punto de inflexión para Nepal, que enfrenta el riesgo de una escalada política mayor si no se abordan las demandas de cambio estructural.





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