En un contexto de creciente competencia agroalimentaria y presión por la transición energética, la situación del sector olivarero en el Medi...
En un contexto de creciente competencia agroalimentaria y presión por la transición energética, la situación del sector olivarero en el Mediterráneo refleja una paradoja que enfrenta a Marruecos y España. Mientras el Reino alauí celebra un auge en su producción de aceitunas, duplicando su cosecha para la temporada 2025/2026, España, líder mundial en aceite de oliva, enfrenta la tala masiva de olivos centenarios en Andalucía para instalar macroplantas solares. Este contraste no solo plantea dilemas económicos, sino también culturales, ambientales y sociales, en un momento crítico para la soberanía alimentaria y las metas climáticas.
Marruecos, segundo mayor productor mundial de aceitunas de mesa y un actor creciente en aceite de oliva, proyecta una campaña histórica. Según estimaciones gubernamentales citadas por medios como *La Razón*, la producción de aceitunas podría alcanzar las 240.000 toneladas para aceite y un volumen similar para mesa, duplicando las cifras de años previos (alrededor de 120.000 toneladas). Este salto responde a múltiples factores: inversiones en sistemas de regadío modernos, nuevas plantaciones impulsadas por el Plan Verde marroquí y condiciones climáticas favorables tras años de sequía. La Unión Europea ha destinado 115 millones de euros para plantar 600.000 nuevos olivos hasta 2030, consolidando a Marruecos como un competidor clave. Además, el país espera incrementos en otros cultivos: un 50% en dátiles, 20% en hortalizas y 25% en cítricos, según *Hespress*. Este boom agrícola generará un volumen de negocios estimado en 7.400 millones de dírhams solo en aceitunas, fortaleciendo su posición en el mercado mediterráneo.
Sin embargo, las cifras no son unánimes. Verificadores como *Maldita.es* cuestionan la magnitud del "duplicado", señalando que datos oficiales para 2024/2025 mantienen la producción en 120.000 toneladas, y las proyecciones para 2025/2026 aún carecen de confirmación. Pese a esto, el crecimiento sostenido del olivar marroquí, con un aumento del 158% en la última década, intensifica la presión sobre España. Las exportaciones marroquíes de aceite a la UE se han duplicado, beneficiadas por acuerdos comerciales preferenciales y costes laborales más bajos, lo que algunos en España, como *Jara y Sedal*, califican de "competencia desleal".
En contraste, España enfrenta una transformación controvertida en su olivar. En Jaén, corazón del olivar mundial con 67 millones de árboles y el 20% de la producción global de aceite, proyectos de energía solar amenazan el paisaje agrícola. Empresas como Greenalia y FRV Arroyadas planean instalar siete macroplantas solares en Lopera, Arjona y Marmolejo, ocupando 895 hectáreas con una capacidad de 255 MW. Según la Plataforma Campiña Norte, esto implicará la tala de hasta 100.000 olivos, muchos centenarios y parte de una candidatura frustrada a Patrimonio de la Humanidad. Hasta ahora, se han arrancado unos 11.000 árboles, con expropiaciones forzosas afectando a más de 100 familias. Agricultores denuncian indemnizaciones insuficientes —a veces 18.000 euros por hectárea frente a ingresos anuales de 30.000-40.000 euros— y critican el uso de leyes de expropiación por "interés público" que remontan al franquismo.
Greenalia asegura que solo se talarán 35.932 olivos, contados mediante ortofotos, y que el 96% de los terrenos se han arrendado voluntariamente. El Gobierno andaluz, liderado por el PP, defiende estas iniciativas como esenciales para alcanzar un 81% de renovables en 2030. Sin embargo, plataformas como SOS Rural, con más de 133.000 firmas, y estudios de GAD3 que muestran un 56% de oposición a usar suelos agrícolas para paneles, reflejan un rechazo creciente. La tala no solo amenaza empleos —una hectárea de olivar genera más puestos estables que una planta solar—, sino también la biodiversidad, ya que los olivos centenarios fijan CO2 y previenen la erosión.
Este choque pone en cuestión el equilibrio entre energía renovable y seguridad alimentaria. El sector oleícola español, ya afectado por sequías y aranceles (como el 21,7% en EE.UU.), podría perder 2 millones de euros anuales solo en Jaén. Expertos proponen soluciones como agrivoltaicos, que combinan paneles elevados con cultivos, pero su implementación es limitada. Mientras Marruecos refuerza su olivar, España arriesga su patrimonio rural, generando un debate sobre si la "transición verde" está sacrificando la identidad cultural y económica del olivo, un símbolo mediterráneo.





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