La organización de la Vuelta a España ha suspendido la etapa final programada para este domingo 14 de septiembre de 2025 en Madrid, debido a...
La organización de la Vuelta a España ha suspendido la etapa final programada para este domingo 14 de septiembre de 2025 en Madrid, debido a masivas protestas propalestinas que bloquearon el recorrido. El pelotón, compuesto por los mejores ciclistas del mundo, se vio obligado a detenerse a escasos 56 kilómetros de la meta, frente al Palacio Real, donde miles de manifestantes con banderas palestinas, pancartas y kufiyas ocuparon las calles, impidiendo el avance. Esta acción, que ha generado un "final inédito" para la ronda española, ha sido atribuida en gran medida a convocatorias impulsadas por el partido Podemos, con un aparente respaldo indirecto del PSOE, lo que ha desatado una tormenta política en el país.
Las protestas, que el Gobierno ha cifrado en alrededor de 100.000 participantes, no surgieron de la nada. Desde el inicio de la Vuelta el pasado 16 de agosto, varias etapas han sido alteradas por manifestaciones similares contra la participación del equipo Israel-Premier Tech, acusado de blanquear la imagen de Israel en medio del conflicto en Gaza. En la undécima etapa con final en Bilbao, el 3 de septiembre, los organizadores adelantaron la conclusión a falta de tres kilómetros por temor a incidentes, sin declarar un ganador oficial. En Asturias, durante la ascensión a L'Angliru el 5 de septiembre, caceroladas y gritos de "Free Palestine" retrasaron la salida y detuvieron temporalmente el pelotón. Podemos, a través de su secretaria general Ione Belarra, celebró estos actos en redes sociales, afirmando que "la movilización social ha logrado lo que debería haber hecho el Gobierno: romper relaciones con Israel". El partido izquierdista llamó explícitamente a boicotear las etapas restantes si el equipo israelí continuaba compitiendo, calificando la Vuelta como un "evento lamentable que blanquea un genocidio".
El apoyo del PSOE ha sido más sutil pero evidente para la oposición. Horas antes de la etapa final, el presidente Pedro Sánchez expresó en un acto en Málaga su "admiración" por las movilizaciones en defensa de Palestina, lo que ha sido interpretado como un aliento implícito. La vicepresidenta Yolanda Díaz respaldó las protestas en Bluesky, y la ministra de Sanidad, Mónica García, celebró la cancelación como un "acto de solidaridad". Fuentes del PSOE han justificado los eventos afirmando que "la violencia real son los miles de civiles asesinados en Gaza", en respuesta a las acusaciones de instigación. Sin embargo, el delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín, confirmó dos detenciones y 22 policías heridos en los altercados, que incluyeron cargas policiales y disturbios en el centro de la capital. A pesar de un despliegue de 1.500 agentes, las autoridades no pudieron evitar el bloqueo total.
La suspensión ha tenido consecuencias inmediatas para la carrera. El danés Jonas Vingegaard, quien ya se había asegurado la victoria general tras su triunfo en la etapa de La Bola del Mundo el sábado, no pudo subir al podio ni recibir el maillot rojo en la ceremonia tradicional. Segundo en la general es el portugués João Almeida, y tercero el británico Tom Pidcock. El equipo Israel-Premier Tech, que iba a recibir el premio al mejor joven, se vio especialmente afectado, ya que uno de sus ciclistas estaba programado para el galardón. La Unión Ciclista Internacional (UCI) y los organizadores lamentaron el incidente, con el ciclista Michał Kwiatkowski criticando en X que "esto es malo para el ciclismo a largo plazo, ya que los manifestantes han logrado lo que querían". Ciclistas como Joan Bou del Caja Rural-Seguros RGA confirmaron que fue el pelotón quien decidió parar por seguridad.
La oposición ha arremetido con dureza contra el Gobierno. El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, acusó a Sánchez de causar un "ridículo internacional televisado" al permitir e inducir la no finalización de la Vuelta. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, lo señaló como "responsable directo" y comparó las protestas con "kale borroka alentada por Sánchez y sus ministros". El alcalde José Luis Martínez-Almeida exigió que "pague por ello", mientras Vox denunció mensajes "incendiarios" del Ejecutivo. Desde el exterior, Israel ha reaccionado con furia: el ministro de Exteriores, Gideon Saar, tildó el suceso de "vergüenza para España" y reprochó a Sánchez por "animar" a los manifestantes.
Este episodio marca un punto de inflexión en la Vuelta 2025, que ha transcurrido entre tensiones crecientes por el contexto geopolítico. Mientras los defensores de las protestas lo ven como una victoria de la conciencia colectiva contra el "blanqueo genocida", críticos como el español Carlos Verona del Lidl-Trek insisten en que "la política no debe interferir en el deporte neutral". La carrera, que ha visto recortes en etapas previas como la de Cabezón de la Sal, concluye así de forma abrupta, dejando un sabor amargo y reavivando el debate sobre la separación entre activismo y eventos deportivos. España, una vez más, se encuentra en el ojo del huracán internacional, con repercusiones que podrían extenderse a futuras ediciones.





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