Activistas de la Global Sumud Flotilla (GSF), la misión humanitaria interceptada por el Ejército israelí mientras intentaba llevar ayuda a G...
Activistas de la Global Sumud Flotilla (GSF), la misión humanitaria interceptada por el Ejército israelí mientras intentaba llevar ayuda a Gaza, han denunciado graves abusos durante su detención, afirmando que Greta Thunberg fue torturada, golpeada y arrastrada por las fuerzas israelíes. Estas acusaciones, compartidas por miembros deportados que llegaron a Turquía, describen condiciones inhumanas en la prisión de Ketziot, en el desierto del Neguev, donde Thunberg y otros 137 detenidos fueron retenidos tras el abordaje de 39 de los 47 barcos el miércoles. La activista sueca, de 22 años, habría sido forzada a besar la bandera israelí y exhibida como trofeo, un acto que los testigos califican de humillación deliberada. Fuentes israelíes y medios proisraelíes, por su parte, niegan las torturas y afirman que los barcos estaban vacíos de ayuda humanitaria, presentando la intercepción como una respuesta a un "desafío político" contra Israel.
Los relatos de los deportados, que incluyen a periodistas turcos y activistas internacionales, pintan un cuadro de maltrato sistemático. Ersin Celik, un periodista turco de la flotilla, afirmó haber presenciado cómo Thunberg fue arrastrada por el pelo, golpeada y obligada a realizar gestos humillantes, como besar la bandera israelí, un acto comparado con tácticas nazis por su degradación intencional. Otros detenidos, como el estadounidense Windfield Beaver y la malaya Hazwani Helmi, corroboraron que Thunberg fue tratada "como propaganda", empujada a habitaciones donde el ministro de Seguridad Nacional Itamar Ben-Gvir la exhibió. Los 473 activistas restantes, incluyendo Thunberg, fueron trasladados a Ketziot, una prisión notoria por acusaciones de torturas a palestinos, donde sufrieron condiciones "inhumanas": manos atadas a la espalda durante 36-40 horas, sin agua ni comida, forzados a beber del váter y negados medicamentos y abogados. Adalah, el equipo legal de la flotilla, denunció violaciones de derechos humanos, con algunos iniciando huelgas de hambre.
Israel, por su parte, rechaza las alegaciones, afirmando que todos los detenidos están "seguros y en buena salud" y que la intercepción fue legal en aguas internacionales. El Ministerio de Exteriores israelí ha publicado videos de Thunberg recibiendo agua y una chaqueta, negando abusos y calificando la flotilla como "provocación" sin ayuda real a bordo. Fuentes proisraelíes sostienen que los barcos estaban vacíos de suministros humanitarios, con la misión siendo un "desafío político" para generar titulares, respaldado por Irán y Hamás. Cuatro parlamentarios italianos fueron deportados el viernes, y otros 137 llegaron a Turquía el sábado, pero el resto permanece en custodia, con deportaciones aceleradas en Ashdod sin acceso a representación legal.
La flotilla, con 497 participantes de 48 países —predominantemente occidentales como Thunberg y Colau—, zarpó desde España el 31 de agosto para entregar 500 toneladas de ayuda, pero fue interceptada a 70 millas de Gaza. Organizaciones como la ONU y Reporteros Sin Fronteras han condenado la detención de periodistas y el trato a Thunberg, exigiendo liberación inmediata. Protestas globales en Roma, Buenos Aires y Estambul han denunciado la acción como "piratería", mientras Italia y Turquía presionan por sus nacionales.
El impacto es profundo. Humanitariamente, la ayuda retenida agrava la crisis en Gaza, donde el bloqueo ha causado hambruna. Diplomáticamente, Israel enfrenta aislamiento, con la UE y EE.UU. criticando la fuerza usada. Socialmente, las denuncias de tortura han polarizado, con pro-Israel negando abusos y activistas exigiendo justicia. Con Thunberg posiblemente aún detenida, la flotilla se convierte en símbolo de resistencia, pero su fracaso resalta la dificultad de desafiar el bloqueo, dejando un legado de solidaridad frustrada.





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