Un grupo de 21 activistas españoles, incluyendo la exalcaldesa de Barcelona Ada Colau y el concejal de ERC Jordi Coronas, ha regresado a Esp...
Un grupo de 21 activistas españoles, incluyendo la exalcaldesa de Barcelona Ada Colau y el concejal de ERC Jordi Coronas, ha regresado a España tras ser deportados por Israel, marcando el fin de su retención en el país tras la intercepción de la Global Sumud Flotilla (GSF). Los tripulantes, que partieron desde Barcelona el 31 de agosto en una misión humanitaria para romper el bloqueo de Gaza, aterrizaron en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas en un vuelo comercial desde Tel Aviv, recibidos por familiares, simpatizantes y representantes del Gobierno. Esta repatriación, negociada por el Ministerio de Asuntos Exteriores, representa el primer grupo de liberaciones de los 49 españoles detenidos, pero deja a otros 28 —incluyendo miembros de la CUP y Podemos— aún en la prisión de Saharonim, en el desierto del Neguev, al negarse a firmar documentos que reconozcan su entrada "ilegal" en Israel.
Colau, de 51 años y figura clave de la flotilla, ha sido una de las voces más visibles en el regreso, describiendo la experiencia como un "secuestro en aguas internacionales" y denunciando el trato "denigrante" en la prisión. Acompañada de Coronas, quien viajaba como capitán de una embarcación, Colau ha enfatizado que los activistas fueron forzados a entrar en Israel contra su voluntad, rechazando la narrativa oficial israelí de una "entrada ilegal". El grupo, que incluye sindicalistas, periodistas y voluntarios, ha sido recibido con aplausos y abrazos en Barajas, donde han leído un manifiesto exigiendo la liberación inmediata de los restantes detenidos y la entrega de la ayuda humanitaria retenida en Ashdod —500 toneladas de medicinas, alimentos y materiales de construcción destinadas a Gaza.
La deportación de estos 21 se produjo tras firmar un documento que acepta la "entrada ilegal", una condición impuesta por Israel para agilizar el proceso, aunque los activistas lo ven como una humillación. Colau ha relatado horas de interrogatorios, falta de agua y comida durante 36-40 horas, y negación de medicamentos, con algunos intentando beber del váter. Fuentes del Ministerio de Exteriores, como José Manuel Albares, han confirmado que España pagó los billetes para "agilizar la salida", y que el buque Furor de la Armada permanece en la zona para apoyar a los restantes. Los deportados han criticado la "complicidad europea" con Israel, demandando sanciones y el fin del bloqueo que ha causado 40,000 muertes en Gaza desde 2023.
Mientras, los 28 que rechazan la deportación, como Pilar Castillejo y Adrià Plazas de la CUP, y Lucía Muñoz, Serigne Mbayé y Alejandra Martínez de Podemos, permanecen en huelga de hambre en Saharonim, denunciando condiciones inhumanas y exigiendo juicio para "presionar internacionalmente". La CUP ha afirmado que su entrada fue un "secuestro por fuerzas de ocupación", rechazando el documento como "farsa". Albares ha asegurado que todos los españoles "están bien" y que se garantiza su protección consular, con visitas diarias del cónsul en Tel Aviv.
La flotilla, con 497 participantes de 48 países —predominantemente occidentales, Turquía y España—, fue interceptada a 70 millas de Gaza, con Israel deteniendo 39 barcos y reteniendo la ayuda. Los liberados han descrito abusos, como Greta Thunberg obligada a besar la bandera israelí, mientras Israel niega maltratos y califica la misión de "provocación". Protestas en España, con miles en Madrid y Barcelona, han exigido libertad para los detenidos, con Podemos y CUP criticando la "tibieza" de Sánchez.
El regreso de Colau y compañía ha sido emotivo, con abrazos y cánticos en Barajas, pero el foco permanece en los 28 retenidos, cuya deportación podría demorarse días o semanas. España ha movilizado recursos diplomáticos, con Albares contactando a Netanyahu, mientras la UE presiona por la ayuda retenida. Esta repatriación parcial, aunque celebrada, resalta la división en la flotilla, con algunos firmando para volver y otros resistiendo para visibilizar la causa palestina, dejando un legado de solidaridad frustrada.





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