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El histórico pabellón Thurn und Taxis en Donaustauf, Baviera, ha sido pasto de las llamas tras una serie de explosiones provocadas por varias bombas caseras, en lo que las autoridades alemanas han calificado como un ataque terrorista reivindicado por grupos antifa. El incidente, ocurrido en la madrugada del miércoles alrededor de las 03:00 horas, ha dejado el edificio —un emblema cultural del siglo XIX con valor arquitectónico invaluable— gravemente dañado, con el tejado colapsado y el interior destruido por el fuego que se propagó rápidamente debido a materiales inflamables. La policía bávara ha detenido a tres sospechosos en las inmediaciones, vinculados a la escena antifascista radical, mientras equipos de bomberos y expertos en explosivos trabajan para contener las llamas y evaluar el alcance del sabotaje, que podría costar millones en restauración.
El pabellón, un pabellón de caza construido en 1840 por la familia noble Thurn und Taxis y declarado monumento histórico en 1970, albergaba exposiciones temporales de arte y eventos culturales, atrayendo a miles de visitantes anuales a Donaustauf, un municipio de 7,000 habitantes a orillas del Danubio. El ataque comenzó con la detonación de al menos cuatro dispositivos explosivos —dos en la entrada principal y dos en el ala este—, fabricados con materiales caseros como pólvora y temporizadores, que causaron daños estructurales iniciales y un incendio que se extendió en minutos. Testigos oculares, residentes de la zona rural, reportaron un estruendo ensordecedor seguido de humo negro visible desde kilómetros, con sirenas de bomberos resonando hasta Regensburg. El fuego, alimentado por el viento otoñal, consumió gran parte del interior, incluyendo paneles de madera tallada y frescos del siglo XIX, dejando el pabellón en ruinas y obligando a la evacuación de 200 hogares cercanos por riesgo de colapso.
La policía de Baviera, liderada por el Landeskriminalamt, ha clasificado el acto como terrorismo doméstico, reivindicado en un comunicado anónimo en foros antifa que denuncia el pabellón como "símbolo de opresión aristocrática y fascista". El mensaje, firmado por un colectivo radical de Múnich, alega que el ataque es una "respuesta a la herencia colonial" de la familia Thurn und Taxis, dueños históricos de correos y tierras en Europa. Tres sospechosos, dos hombres y una mujer de entre 25 y 35 años, fueron detenidos en un vehículo sospechoso a 5 kilómetros del lugar, con restos de explosivos en su equipaje. No se reportan víctimas mortales, pero dos bomberos resultaron con quemaduras leves durante la extinción, y el daño estructural podría requerir demolición parcial.
El pabellón, que alberga colecciones de arte renacentista y reliquias postales de la familia Thurn und Taxis —una de las dinastías nobles más ricas de Alemania—, era un atractivo turístico que generaba 2 millones de euros anuales para Donaustauf. Su destrucción ha dejado a la región en luto, con el alcalde declarando tres días de duelo y cancelando eventos culturales. La policía ha reforzado la vigilancia en monumentos bávaros, mientras expertos en terrorismo advierten de un aumento del 30% en ataques antifa desde 2024, motivados por ideologías anticapitalistas y antiherencia.
Económicamente, la pérdida podría costar 15 millones en restauración, impactando el turismo local que representa el 20% del PIB municipal. Socialmente, ha unido a la comunidad en rechazo al extremismo, con vigilias de solidaridad, pero ha avivado debates sobre radicalización juvenil en Múnich. Políticamente, el ministro del Interior de Baviera exige leyes más duras contra el terrorismo doméstico, mientras Verdes critican la glorificación de la aristocracia. Este ataque, que transforma un tesoro histórico en ruinas, deja un legado de alerta sobre el extremismo, recordando que la herencia cultural es frágil ante la ira ideológica.





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