Los bancos centrales extranjeros han alcanzado un hito histórico al poseer más reservas de oro que bonos del Tesoro de Estados Unidos por...
Los bancos centrales extranjeros han alcanzado un hito histórico al poseer más reservas de oro que bonos del Tesoro de Estados Unidos por primera vez en casi tres décadas, un cambio que refleja una erosión profunda de la confianza en el dólar como activo de reserva global y un giro hacia metales preciosos como refugio ante la incertidumbre económica y geopolítica. Esta tendencia, que se ha acelerado en los últimos dos años, supera el umbral de 1996 y posiciona al oro como el segundo mayor componente de las reservas mundiales, por detrás solo del dólar, pero con una brecha que se estrecha rápidamente. Según datos compilados por analistas independientes, las reservas combinadas de oro de los bancos centrales ahora representan el 24% de sus tenencias totales, ligeramente por encima del 23% correspondiente a los bonos del Tesoro estadounidense, un umbral simbólico que subraya la diversificación acelerada de los países emergentes y la fatiga con la volatilidad del mercado de deuda de Washington.
El fenómeno ha sido impulsado por una serie de factores interconectados. Desde 2022, bancos centrales como el de China, India y Rusia han incrementado sus compras de oro en un 30% anual, acumulando 1.200 toneladas en 2025, el volumen más alto desde la crisis de 2008. China, por ejemplo, ha elevado sus reservas de oro a 2.300 toneladas, un 15% más que el año anterior, mientras vende bonos del Tesoro para reducir su exposición al dólar, que ha perdido un 10% de valor frente a una cesta de monedas este año. Esta estrategia, replicada por Turquía y Polonia, responde a la congelación de 300 mil millones de dólares en reservas rusas por sanciones occidentales en 2022, un evento que convenció a muchos líderes de diversificar hacia activos tangibles y menos vulnerables a la geopolítica. El oro, con su precio superando los 3.800 dólares la onza en octubre, ofrece estabilidad en un mundo de tasas de interés erráticas y déficits fiscales crecientes, como el de 2 trillones de dólares en EE.UU. para 2025.
El cambio es más que simbólico. Desde 1980, cuando los bancos centrales invirtieron en bonos del Tesoro para combatir la inflación post-crisis petrolera, estos instrumentos representaron hasta el 35% de las reservas globales, mientras el oro caía al 10%. Hoy, con la deuda pública estadounidense en 36 trillones de dólares —el 130% del PIB—, y una política fiscal impredecible bajo Trump, los bonos han perdido atractivo, con rendimientos que apenas superan el 4% anual frente al 20% de apreciación del oro en 2025. Bancos centrales de Asia y Oriente Medio, que controlan el 60% de las compras globales, ven en el metal un hedge contra la devaluación del dólar, que ha caído un 12% desde su pico de 2022. Rusia, por su parte, ha triplicado sus reservas de oro a 2.300 toneladas, vendiendo el 90% de sus bonos del Tesoro, un ejemplo que inspira a India y Turquía.
Esta rotación no es solo defensiva; es estratégica. El oro, con su oferta limitada de 200.000 toneladas anuales, contrasta con la emisión ilimitada de bonos, ofreciendo una alternativa a la dominancia del dólar, cuya cuota en reservas globales ha caído del 71% en 2000 al 58% actual. En 2025, los bancos centrales han comprado 1.000 toneladas de oro, el ritmo más alto en 50 años, impulsado por tensiones en Ucrania y el Mar del Sur de China, donde Pekín acumula oro para respaldar el yuan digital. JPMorgan estima que si el oro alcanza el 30% de las reservas para 2030, podría presionar a la Fed a subir tasas, afectando el PIB global en un 0.5%.
Económicamente, el shift inyecta liquidez al mercado de metales, con mineras como Newmont subiendo un 25%, pero eleva costos para joyería y electrónica. Socialmente, fomenta diversificación, con un 40% de inversores minoristas en oro según Robinhood. Políticamente, desafía la hegemonía estadounidense, con Trump tuiteando "el oro vuelve, el dólar aguanta". Este hito no solo reequilibra reservas, sino que deja un legado de de-dolarización gradual.





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