El crimen que ha conmocionado a Egipto involucra a un menor de 13 años llamado Youssef, quien asesinó a su compañero de clase Mohamed, de la...
El crimen que ha conmocionado a Egipto involucra a un menor de 13 años llamado Youssef, quien asesinó a su compañero de clase Mohamed, de la misma edad, lo desmembró con una sierra eléctrica y se comió una parte de su cuerpo "por curiosidad" antes de arrojar los restos en un contenedor de basura. Este acto de barbarie, ocurrido en la ciudad de Ismailia, ha dejado al país en estado de shock y ha desatado un debate nacional sobre la influencia de los videojuegos violentos en la juventud, con el adolescente confesando que quería "reproducir escenas de sus juegos favoritos" como Grand Theft Auto o Mortal Kombat, donde los personajes cometen actos de canibalismo y desmembramiento. Youssef, detenido tras una denuncia de la familia de la víctima, permanece bajo custodia en un centro de menores, mientras la policía forense trabaja en la reconstrucción de los hechos que han horrorizado a una sociedad conservadora y religiosa.
El asesinato tuvo lugar el 15 de octubre de 2025 en un barrio obrero de Ismailia, una ciudad industrial de 1.3 millones de habitantes a 120 km de El Cairo, donde los dos niños, compañeros de una escuela pública local, habían sido inseparables durante años. Según la confesión del detenido, Youssef invitó a Mohamed a su casa después de clases, pretextando una partida de videojuegos. Una vez solos, el menor golpeó a su amigo en la cabeza con un palo de madera hasta causarle la muerte, un acto que describió como "fácil, como en el juego". Posteriormente, usó una sierra eléctrica de su padre —un carpintero local— para cortar el cuerpo en pedazos pequeños que cabían en su mochila escolar, y consumió una porción de carne cruda del muslo "para probar cómo sabía, como en los videos". Los restos restantes fueron esparcidos en varios contenedores de basura de la zona, con algunos pedazos encontrados en un basurero a 2 km de distancia.
La familia de Mohamed denunció la desaparición el mismo día, pero la pista clave surgió cuando un vecino vio a Youssef regresando a casa con la mochila manchada de sangre y actuando nervioso. Al registrar la vivienda, la policía descubrió sangre en el suelo, fragmentos de carne en el refrigerador y la sierra escondida en un armario, junto a consolas de videojuegos con títulos de acción violenta. Youssef, interrogado en presencia de un psicólogo infantil, admitió los hechos con frialdad: "Lo maté porque quería ver si era como en el juego, y el sabor era como pollo empanado". El adolescente, hijo único de una familia humilde, no mostró remordimiento inicial, aunque expertos en psiquiatría han diagnosticado un trastorno de conducta severo posiblemente influido por exposición prolongada a contenidos gráficos no supervisados.
Ismailia, una ciudad de tradición religiosa y conservadora, ha estallado en furia y duelo, con miles de residentes protestando frente a la escuela y exigiendo justicia divina. El padre de Mohamed, un trabajador de una fábrica textil, ha declarado en una rueda de prensa improvisada: "Mi hijo era inocente, un niño que soñaba con ser ingeniero; esto no puede quedar impune". La policía ha detenido a los padres de Youssef por negligencia, acusándolos de no supervisar el acceso a videojuegos y herramientas peligrosas, y ha ampliado la indagación a otros compañeros de clase por posibles influencias grupales. El Ministerio de Justicia egipcio ha anunciado que el caso será juzgado en un tribunal juvenil, aunque excepcionalmente podría elevarse a adulto si se prueba premeditación, con penas que oscilan entre 10 y 25 años de reclusión.
El escándalo ha reavivado el debate sobre la violencia en videojuegos, con el 60% de padres egipcios, según sondeos locales, exigiendo restricciones a contenidos gráficos para menores de 18 años, mientras el Ministerio de Educación evalúa auditorías en escuelas públicas de Ismailia. Económicamente, el caso no impacta directamente, pero socialmente ha unido a la comunidad en duelo, con una marcha de 5.000 personas el viernes en la Mezquita Al-Matafi, donde miles rezaron por Mohamed. Políticamente, ha presionado al Gobierno de Al-Sisi para reformas en juventud, con un 45% de encuestados culpando a la falta de supervisión familiar. Este crimen no solo destroza dos infancias, sino que deja un legado de horror y reflexión sobre la influencia digital en una sociedad en transformación.





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