Cuatro policías colombianos han resultado heridos en un violento asalto a la Embajada de Estados Unidos en Bogotá, donde un grupo de manifes...
Cuatro policías colombianos han resultado heridos en un violento asalto a la Embajada de Estados Unidos en Bogotá, donde un grupo de manifestantes anti-Trump lanzó flechas improvisadas durante una protesta que degeneró en caos en el corazón de la capital. El incidente, que comenzó como una concentración pacífica contra las políticas migratorias de Donald Trump, escaló en menos de una hora cuando cientos de participantes irrumpieron en el perímetro de seguridad del edificio en el barrio de La Candelaria, con el lanzamiento de flechas hechas de bambú y puntas metálicas que hirieron a agentes en brazos y piernas. Los heridos, todos de la Policía Nacional, fueron evacuados en ambulancias al Hospital de La Misericordia, donde se reportan lesiones graves pero no vitales, con uno de ellos requiriendo cirugía para extraer una punta de 15 centímetros. La Embajada, custodiada por 200 agentes, ha sido acordonada, mientras el presidente Gustavo Petro condena el "extremismo" y promete justicia rápida.
La protesta, convocada por colectivos estudiantiles y sindicatos de izquierda contra las deportaciones masivas de migrantes latinoamericanos ordenadas por Trump tras su reelección, reunió a más de 5,000 personas en la Plaza de Bolívar antes de marchar hacia la Embajada. Lo que empezó como cánticos contra la "política anti-inmigrante" y pancartas con lemas como "No a las Deportaciones" se tornó violento cuando un núcleo radical —estimado en 200 personas, con máscaras y mochilas con "armas caseras"— lanzó flechas desde arcos improvisados, una táctica que recordaba protestas indígenas en Ecuador. Los proyectiles, de 60 cm de largo con puntas afiladas de metal reciclado, impactaron a cuatro agentes durante la contención inicial, con uno de ellos herido en el antebrazo y otro en la pierna, causando hemorragias y pánico entre los participantes. La Policía Nacional, desplegada con escudos y gases lacrimógenos, respondió dispersando a la multitud, arrestando a 45 personas, incluyendo tres que portaban arcos y munición adicional.
El embajador estadounidense, Kevin Whitaker, ha calificado el ataque como "un acto de terrorismo doméstico" en un comunicado, exigiendo a Petro una investigación exhaustiva y reforzando la seguridad con marines adicionales. Petro, en una alocución televisada desde Cartagena, ha admitido que "un grupo minoritario descontrolado" causó el caos, pero defendió el derecho a protestar contra "políticas imperialistas", ordenando a la Fiscalía procesar a los responsables como "agitadores". La Embajada, un edificio fortificado con vidrio antibalas y cámaras 360, no sufrió daños estructurales, pero el perímetro de seguridad —con vallas de 3 metros y detectores de metal— fue traspasado durante 20 minutos, un lapso que permitió a los atacantes lanzar 15 flechas antes de ser repelidos.
Bogotá, marcada por protestas frecuentes, ha visto un aumento del 25% en manifestaciones anti-Trump desde septiembre, con migrantes venezolanos y colombianos protestando contra deportaciones que han afectado a 20,000 personas en 2025. La Policía Nacional reporta un 40% de protestas degenerando en violencia este año, con armas blancas como flechas usadas en un 10% de casos. Económicamente, el incidente podría afectar el turismo diplomático, con la Embajada cancelando eventos y pérdidas de 500.000 dólares en un día. Socialmente, ha polarizado: el 55% apoya el derecho a protestar según encuestas, pero el 35% condena la violencia, con madres en Bogotá temiendo por la seguridad de sus hijos en marchas. Políticamente, Petro enfrenta presión de la oposición para dimitir, mientras el uribismo acusa al Gobierno de "tolerancia con anarquistas".
Este asalto no solo hiere a cuatro agentes, sino que deja un legado de tensión en un Colombia dividida, recordando que la protesta debe ser pacífica para no convertirse en caos.
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