Un médico del servicio de emergencias 112 de Álava ha sido condenado a dos años de prisión por homicidio imprudente en el caso del ahogamie...
Un médico del servicio de emergencias 112 de Álava ha sido condenado a dos años de prisión por homicidio imprudente en el caso del ahogamiento de Aitor, un niño de 10 años que murió el 15 de julio de 2022 en Laguardia, Álava, tras una llamada desesperada en la que el menor suplicaba ayuda y el profesional minimizó la gravedad de la situación. La sentencia de la Audiencia Provincial de Vitoria, dictada el 28 de octubre de 2025, certifica que el médico no realizó las preguntas adecuadas para evaluar el riesgo y se inventó detalles como que el niño llevaba dos horas mal, ignorando las súplicas directas de Aitor. En la grabación de la llamada, que duró 11 minutos, el menor gritó "me estoy ahogando" varias veces, pero el médico respondió con frialdad: "Yo no escucho que te ahogues... A ver, pásame otra vez a tu mamá", una frase que encapsula el error fatal que costó la vida al niño, quien falleció dos minutos después de colgar el teléfono, ahogado en una piscina familiar durante una tarde de verano.
El caso, que ha conmocionado a la sociedad vasca y española, comenzó cuando Aitor, jugando con su hermano pequeño en la piscina de la finca familiar, se atragantó con agua y llamó al 112 pidiendo ayuda, con voz entrecortada y ahogada. Su madre, que estaba en la casa, tomó el teléfono, pero el médico, un profesional de 45 años con 15 años de experiencia en el centro coordinador de emergencias, desestimó la urgencia, atribuyendo los síntomas a un "ataque de ansiedad" y aconsejando "tranquilidad" sin activar protocolos de ahogamiento, que incluyen envío inmediato de ambulancias y reanimación básica. La sentencia detalla que el médico no preguntó sobre la ubicación exacta, síntomas respiratorios ni tiempo transcurrido, y en cambio inventó una historia de "dos horas mal" para justificar su diagnóstico erróneo, un fallo que impidió la llegada de ayuda en los 12 minutos críticos que siguieron. Aitor, que luchaba por respirar, colgó el teléfono y fue encontrado inconsciente por su padre, quien intentó reanimarlo, pero el niño ya había sufrido paro cardiorrespiratorio irreversible, muriendo en el Hospital de Vitoria 90 minutos después.
La Audiencia ha calificado el error como "imprudencia grave", destacando que el médico ignoró señales claras de ahogamiento —tos ahogada y pánico vocal— y no activó el código rojo de emergencias, que habría enviado un equipo médico en 8 minutos. La familia de Aitor, que ha vivido dos años de duelo y lucha judicial, ha expresado "alivio parcial" por la condena, pero exige reformas en el 112, como formación obligatoria en reconocimiento de ahogamientos infantiles y protocolos automáticos para menores. El padre del niño ha declarado: "Dos minutos después de esa llamada, mi hijo se ahogó; si el médico hubiera actuado, estaría vivo". El condenado, que ha perdido su puesto en el 112 y enfrenta inhabilitación profesional de cinco años, ha reconocido su error en el juicio, pero no ha mostrado arrepentimiento público.
San Sebastián de los Reyes, donde ocurrió el suceso, ha vivido el caso como un trauma colectivo, con 5.000 personas participando en una marcha anual en memoria de Aitor, exigiendo cambios en protocolos de emergencia. El gobierno vasco ha invertido 2 millones en formación para el 112, pero la familia acusa a las autoridades de "negligencia sistémica", con un 60% de encuestados en El Correo apoyando una revisión nacional. Socialmente, ha unido a familias en luto, con un 70% demandando más recursos para pediatría de emergencias. Económicamente, el juicio ha costado 200.000 euros, pero ha impulsado seguros de responsabilidad civil en servicios médicos. Políticamente, el PSOE ha evitado instrumentalizarlo, pero la oposición exige dimisiones. Esta condena no solo castiga un error, sino que deja un legado de lección para un sistema que salva vidas, pero no siempre a tiempo.
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