El Movimiento de Resistencia Islámica Hamás ha oficializado una guerra civil abierta en Gaza apenas días después de sellar el acuerdo de p...
El Movimiento de Resistencia Islámica Hamás ha oficializado una guerra civil abierta en Gaza apenas días después de sellar el acuerdo de paz con Israel, anunciando una nueva ronda de ejecuciones públicas contra un grupo de palestinos, probablemente del influyente clan Doghmush, programada para mañana en la ciudad de Gaza. Esta escalada interna, que transforma el enclave en un campo de batalla fratricida, revela las fracturas profundas que el conflicto con Israel ha ocultado durante dos años, con Hamás recurriendo a métodos brutales para consolidar su poder y eliminar disidencias en un territorio donde el 90% de la población anhela reconstrucción y normalidad. El anuncio, emitido desde un búnker en el norte de Gaza, no es un hecho aislado; representa la culminación de una guerra paralela que Hamás ha librado contra clanes locales durante todo el conflicto palestino-israelí, utilizando ejecuciones sumarias, torturas y purgas para mantener el control en un mosaico de facciones armadas y lealtades tribales.
La decisión de Hamás llega en un momento paradójico, tras el histórico pacto de paz mediado por Donald Trump que incluye la liberación de rehenes, la retirada gradual de las FDI y un alto el fuego indefinido. Sin embargo, el grupo, que ha aceptado desarmarse bajo supervisión egipcia-palestina, parece priorizar su supervivencia interna sobre la estabilidad general, anunciando que las ejecuciones se realizarán en la plaza Al-Karama de Gaza City, con decenas de miembros del clan Doghmush —acusados de colaboración con Israel y contrabando— como blancos. El clan, uno de los más poderosos en el norte de Gaza con redes en túneles y mercados negros, ha desafiado a Hamás desde 2023, reteniendo rehenes y disputando el control de rutas de ayuda humanitaria. Fuentes internas indican que al menos 15 hombres serán fusilados públicamente, un espectáculo diseñado para disuadir a otros disidentes y reafirmar la autoridad de Yahya Sinwar, líder de Hamás en Gaza.
Esta guerra civil paralela no es nueva; durante los dos años de conflicto con Israel, Hamás ha mantenido una campaña de represión interna que ha cobrado cientos de vidas, eliminando rivales como miembros de la Yihad Islámica o clanes independientes que controlaban barrios clave. En 2024, ejecuciones sumarias en Jabalia y Rafah dejaron 200 muertos, muchos por "traición" o disputas por botines de guerra, un secreto a voces que la prensa internacional ha ignorado por enfocarse en el frente israelí. Ahora, con la paz externa asegurada, Hamás parece liberar su furia interna, usando el vacío de poder para purgar a quienes cuestionan su rol en la reconstrucción de 50 mil millones de dólares propuesta por Trump. El clan Doghmush, con su historia de alianzas con Israel en los 80 y control de contrabando, representa una amenaza a la hegemonía de Hamás, especialmente en un Gaza donde el 70% de la población ve al grupo como responsable de la prolongación del conflicto.
El anuncio ha generado reacciones mixtas. La Autoridad Palestina, que aspira a gobernar Gaza, ha condenado las ejecuciones como "un paso atrás en la reconciliación nacional", exigiendo que los mediadores árabes intervengan para desarmar a Hamás por completo. En Israel, Netanyahu ha advertido que cualquier violación del alto el fuego reactivará operaciones, mientras Trump, desde Washington, ha instado a Hamás a "priorizar la paz interna". En Gaza, la población, exhausta por 40,000 muertos, clama por unidad, con protestas espontáneas en Khan Yunis contra las purgas, temiendo un caos que retrase la reconstrucción.
Económicamente, la guerra civil amenaza el plan de Trump, que contempla exenciones aduaneras para Gaza como hub comercial, potencialmente perdiendo 10 mil millones en inversiones del Golfo si la inestabilidad persiste. Socialmente, ha fracturado a la sociedad palestina, con clanes como Doghmush amenazando retaliación y mujeres temiendo represalias contra sus familias. Políticamente, debilita a Hamás, que ha aceptado desarme pero mantiene el terror interno, arriesgando su legitimidad ante la Autoridad Palestina. Este anuncio no solo oficializa la guerra civil, sino que expone las grietas de un acuerdo frágil, dejando Gaza en un limbo donde la paz externa choca con la violencia interna, un legado de división que podría desbaratar los esfuerzos de Trump.





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