El juicio contra Al Khawad Al Zine Sulaymane, un refugiado sudanés de 35 años, ha comenzado en la Cour d'assises de Maine-et-Loire en An...
El juicio contra Al Khawad Al Zine Sulaymane, un refugiado sudanés de 35 años, ha comenzado en la Cour d'assises de Maine-et-Loire en Angers, Francia, donde se le acusa de tres asesinatos agravados y tres tentativas de asesinato ocurridos en la noche del 15 al 16 de julio de 2022. Este proceso, que se extenderá hasta el 10 de octubre, marca el inicio de una semana de testimonios y evidencias que buscan esclarecer los hechos en los que tres jóvenes murieron apuñalados en menos de 10 segundos en la esplanade Cœur de Maine, un lugar animado del centro de la ciudad. Sulaymane, quien llegó a Francia en 2016 como refugiado político tras huir de violencia en Sudán, enfrenta una posible cadena perpetua por los crímenes, que incluyeron también dos agresiones sexuales contra jóvenes mujeres, y su defensa ha girado en torno a un supuesto estado de ebriedad que alteró su discernement.
Los hechos ocurrieron en una noche de julio de 2022, cuando Sulaymane, en estado de fuerte embriaguez, comenzó a importunar a grupos de jóvenes en la esplanade, tocando indebidamente a dos adolescentes y provocando una intervención de tres chicos de entre 16 y 20 años, originarios de Wallis y Futuna y su amigo Ismaël. Manuolito Automalo, de 18 años, Atama Koroa, de 20, e Ismaël Soulemane, de 16, trataron de alejar al agresor, obligándolo a huir temporalmente. Sin embargo, Sulaymane regresó una hora después armado con un cuchillo de gran hoja, apuñalando mortalmente a los tres en un frenesí de violencia que duró apenas segundos. Atama fue herido en el corazón, Manuolito en la garganta, e Ismaël sucumbió a múltiples puñaladas, mientras tres otros jóvenes resultaron gravemente heridos al intentar defenderse. La escena, testificada por decenas de testigos, dejó un rastro de sangre en la plaza, con el atacante gritando frases incoherentes antes de ser reducido por la policía.
Sulaymane, quien fue detenido en el lugar tras un forcejeo con agentes, ha presentado un relato fragmentado en su primera declaración, admitiendo su ebriedad pero alegando amnesia sobre los eventos. Su defensa, liderada por Me Charles-Alexis Garo, sostiene que sufría un "trouble psychique" que alteró su discernement, basado en un informe psiquiátrico que no lo exime de responsabilidad penal pero podría atenuar la pena. El acusado, de origen humilde y con un pasado de migración traumática —huyendo de Sudán a los 15 años a través de Libia e Italia—, ha vivido en Francia desde 2016, donde perdió su estatus de refugiado pero mantuvo un permiso de residencia. Su trayectoria incluye episodios de alcoholismo y aislamiento, con antecedentes por violencia, lo que ha sido explotado por la acusación para argumentar premeditación.
El proceso, presidido por un jurado popular, ha reunido a más de 30 partes civiles, incluyendo las familias de las víctimas, que han expresado rabia contenida y rechazo a las excusas del acusado. Petelo Automalo, padre de Manuolito, ha declarado que "no quiere sus disculpas", demandando justicia por sus hijos "bien insérés" que defendieron a las adolescentes. Los abogados de las familias, como Me Pascal Rouiller y Me Thierry Fillion, han cuestionado las inconsistencias en el relato de Sulaymane, quien alterna entre negación y admisión, y han presentado pruebas forenses que muestran la brutalidad de los ataques. La corte ha escuchado testimonios de testigos oculares, que describieron el pánico en la plaza animada, y expertos en psiquiatría que evaluaron el estado mental del acusado durante el crimen.
El juicio, que incluye audiencias hasta el viernes, explora el contexto migratorio de Sulaymane, quien huyó de violencia en Sudán y enfrentó traumas en su ruta a Europa, pero la acusación sostiene que su alcoholismo no excusa la premeditación, ya que regresó armado tras la primera confrontación. Las familias de las víctimas, originarias de Wallis-et-Futuna, han viajado a Angers para el proceso, expresando su dolor por la pérdida de jóvenes prometedores, y han rechazado cualquier atenuante, demandando la máxima pena. Este caso, que combina migración, alcohol y violencia impulsiva, ha reavivado debates sobre la integración de refugiados y la responsabilidad penal, dejando a Angers en un clima de tensión mientras la corte delibera.





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