Israel ha expulsado a cuatro parlamentarios italianos retenidos en la Global Sumud Flotilla (GSF), la misión humanitaria interceptada por el...
Israel ha expulsado a cuatro parlamentarios italianos retenidos en la Global Sumud Flotilla (GSF), la misión humanitaria interceptada por el Ejército israelí, permitiendo su regreso a Roma en un vuelo comercial desde el aeropuerto de Tel Aviv, mientras el resto de los tripulantes detenidos han sido trasladados a la prisión de Saharonim, ubicada en el remoto desierto del Neguev, en el sur del país. Esta medida, anunciada por el Ministerio de Exteriores italiano, libera a dos diputados y dos eurodiputados que formaban parte de las 47 embarcaciones civiles de la flotilla, que pretendía llevar ayuda a Gaza pero fue detenida en aguas internacionales el jueves pasado. Por otro lado, la abogada Loubna Yuma, del equipo jurídico de Adalah, ha confirmado que los 473 activistas restantes, incluyendo figuras como Greta Thunberg y Ada Colau, han sido enviados a Saharonim, un centro de detención conocido por sus condiciones extremas, donde esperan procesos de deportación o posibles juicios por intentar violar el bloqueo naval.
Los cuatro italianos, identificados como Arturo Scotto y Benedetta Scuderi, junto a otros dos legisladores, fueron escoltados al aeropuerto tras interrogatorios en el puerto de Ashdod, donde desembarcaron tras la intercepción. Su liberación, negociada por el gobierno italiano, refleja la presión diplomática de Roma, que ha criticado la acción israelí como "desproporcionada" pero ha evitado confrontaciones mayores. Los parlamentarios, que embarcaron en la flotilla para visibilizar la crisis humanitaria en Gaza, han denunciado durante su detención el uso de gases irritantes y fuerza excesiva por parte de las fuerzas navales, aunque Israel ha negado cualquier violación de derechos humanos, afirmando que los activistas fueron tratados con "máximo respeto". Su regreso marca el primer grupo de liberaciones, pero deja a los restantes en un limbo legal en Saharonim, una prisión en el desierto del Neguev, conocida por su aislamiento y condiciones duras, donde los detenidos enfrentan temperaturas extremas y restricciones de movimiento.
La flotilla, compuesta por 47 embarcaciones civiles con 497 participantes de al menos 48 países —predominantemente occidentales, con Turquía y España como los más representados—, fue interceptada a 70 millas náuticas de Gaza, con solo 9 activistas de Oriente Medio a bordo, ninguno egipcio. La operación israelí, que comenzó con el abordaje de los barcos insignia como la Madleen, ha resultado en la detención de 473 personas, incluyendo Thunberg, Colau y el eurodiputado Rima Hassan, quienes han iniciado una huelga de hambre para protestar por su retención. Yuma, abogada de Adalah, ha denunciado que los transferidos a Saharonim enfrentan interrogatorios prolongados y condiciones inhumanas, con algunos reportando aislamiento y negación de acceso a abogados. El último barco, el Marinette con seis tripulantes, fue capturado el viernes, dejando la flotilla completamente desmantelada.
Esta intercepción ha desencadenado protestas globales, con manifestaciones en Roma, Buenos Aires e Estambul, y una huelga general en Italia el viernes en solidaridad. Italia ha confirmado la liberación de sus cuatro parlamentarios, pero ha condenado la acción israelí, mientras España y Francia exigen protección consular para sus nacionales. Israel justifica la detención como una medida de seguridad contra "provocadores", argumentando que la flotilla violaba el bloqueo legal para prevenir armas de Hamás. La carga de 500 toneladas de ayuda, incluyendo medicinas y alimentos, permanece retenida en Ashdod, con la ONU llamando a su entrega inmediata.
El traslado a Saharonim, un centro en el desierto del Neguev con reputación de abusos, ha intensificado las críticas, con Adalah denunciando violaciones de derechos humanos. Los detenidos, en su mayoría occidentales, enfrentan deportaciones rápidas, pero algunos han optado por procesos judiciales, prolongando su estancia. La flotilla, que buscaba visibilizar el bloqueo de Gaza, ha fracasado en su objetivo principal, pero ha generado un eco diplomático que podría presionar por canales alternativos de ayuda. Con los cuatro italianos en camino a Roma y el resto en prisión, la misión Global Sumud se convierte en un símbolo de resistencia frustrada, dejando un legado de solidaridad global ante la intransigencia israelí.
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