Un informe del Pew Research Center , think tank con sede en Washington DC , ha desatado un debate global sobre la transformación demográfica...
Un informe del Pew Research Center, think tank con sede en Washington DC, ha desatado un debate global sobre la transformación demográfica de Europa, revelando que la población musulmana en el continente ha crecido un 16% en solo una década, pasando de 39 millones en 2010 a 46 millones en 2020, un incremento impulsado por la inmigración masiva desde países de mayoría islámica como Siria, Irak y Afganistán, junto con tasas de natalidad significativamente más altas que el promedio europeo. Este auge contrasta con la drástica reducción de la proporción de cristianos y un aumento del 37% en la población sin religión, que alcanza los 190 millones de personas, reflejando un continente en plena mutación cultural y espiritual donde la fe tradicional cede terreno a la secularización y la diversidad religiosa.
El estudio de Pew, basado en datos censales y proyecciones demográficas de 27 países europeos, destaca que la edad media de los musulmanes es de 34 años, 13 años por debajo de la media general del continente (47 años), un desequilibrio que augura un peso demográfico creciente en las próximas décadas, con estimaciones que sitúan a los musulmanes en el 10% de la población europea para 2050. La principal fuerza motriz ha sido la inmigración: entre 2010 y 2020, 7 millones de personas de origen islámico llegaron a Europa, el 60% huyendo de conflictos en Oriente Medio y el 20% buscando oportunidades económicas en Alemania y Francia. En paralelo, la tasa de fertilidad musulmana, de 2,6 hijos por mujer frente a 1,6 de la población no musulmana, ha contribuido al 40% del crecimiento, un patrón que se observa en barrios como Molenbeek en Bruselas o Tower Hamlets en Londres, donde la densidad musulmana supera el 50%.
La caída de los cristianos, que representaban el 75% de la población en 2010 y ahora apenas el 65%, se atribuye a la secularización acelerada, con un 20% de europeos declarando "ninguna religión" en 2020, un aumento del 37% desde hace una década. Países como el Reino Unido y Francia ya no son mayoritariamente cristianos, con el 52% y 51% respectivamente identificándose como tales, mientras en los Países Bajos los no creyentes dominan con el 55%. Este cambio, impulsado por la urbanización y la educación superior, ha erosionado prácticas como la asistencia a misa, que ha caído un 30% en una década, dejando iglesias vacías y un auge de mezquitas, con 2.000 nuevas construidas en Europa desde 2010.
La connivencia de gobiernos populares, socialistas, liberales y conservadores ha facilitado esta transformación, con políticas de asilo abierto que han priorizado la acogida sobre la integración cultural, generando enclaves donde la sharia informal coexiste con leyes seculares. En Alemania, el 6% de la población es musulmana, un 50% más que en 2010, mientras Francia ha visto un 25% de aumento en París, con tensiones en banlieues como Seine-Saint-Denis. En España, el 4% de musulmanes ha crecido un 20%, concentrado en Cataluña y Andalucía, donde el 30% de nuevos nacimientos son de origen islámico.
Económicamente, la diversidad ha impulsado el PIB un 2% anual en sectores como la construcción, pero ha generado sobrecarga en servicios sociales, con un 15% de gasto adicional en educación bilingüe. Socialmente, ha polarizado, con un 55% de europeos viendo el cambio como enriquecedor según Eurobarómetro, pero un 40% preocupados por la identidad cultural. Políticamente, ha fortalecido a la derecha, con Vox y Le Pen capitalizando el descontento. Este crecimiento no solo transforma demografías, sino que deja un legado de multiculturalismo en una Europa en reinvención.
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