La recaudación por el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) ha marcado un nuevo récord en España, representando el 4,2% del...
La recaudación por el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) ha marcado un nuevo récord en España, representando el 4,2% del PIB en el acumulado hasta agosto de 2025, lo que supone un incremento de 0,9 puntos porcentuales respecto a los niveles pre-pandemia. Esta cifra, impulsada por el dinamismo del empleo, el alza salarial y la decisión del Gobierno de no deflactar el impuesto —es decir, no ajustar los tramos a la inflación—, ha permitido a Hacienda ingresar cantidades históricas sin necesidad de reformas legislativas adicionales. El efecto de la no deflactación, conocido como "progresividad en frío", ha elevado el tipo medio efectivo del IRPF, traduciéndose en miles de millones extra para las arcas públicas, aunque a costa de una mayor carga fiscal real para los contribuyentes.
El aumento del IRPF se explica por varios factores clave. En primer lugar, el robusto crecimiento del empleo, con un 12,4% más de ocupados que en 2019, ha ampliado la base tributaria, incrementando las retenciones sobre salarios. Las subidas salariales, que han superado el 5% anual en sectores como la industria y los servicios, han empujado a muchos contribuyentes a tramos superiores sin un ajuste por inflación, lo que ha generado un efecto recaudatorio adicional. El Gobierno ha optado por no indexar el impuesto, una práctica común en otros países de la OCDE para evitar subidas encubiertas, argumentando que esto asegura la sostenibilidad del sistema de pensiones ante el envejecimiento poblacional. Como resultado, la recaudación ha pasado de suponer el 3,3% del PIB en 2019 a este 4,2% actual, un salto que ha aportado cerca de 11.000 millones de euros extra desde la pandemia, según estimaciones independientes.
Esta dinámica ha permitido a Hacienda recaudar 98.530 millones de euros por IRPF hasta agosto, un 11,4% más que en el mismo periodo de 2024, superando incluso las previsiones iniciales. El peso del IRPF en el conjunto de ingresos tributarios es del 47%, consolidándolo como el pilar del sistema fiscal español. Sin embargo, la no deflactación ha tenido un impacto desigual: las clases medias y altas han visto su tipo efectivo subir hasta el 15,3% en 2025, un 20% más que en 2019, mientras las rentas bajas, con mínimos exentos ampliados, se ven menos afectadas. Críticos argumentan que esto equivale a un impuesto encubierto que reduce el poder adquisitivo en un contexto de inflación acumulada del 10% desde 2022, beneficiando indirectamente al Estado sin un debate parlamentario.
El informe de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) estima que la no deflactación aportará 1.800 millones adicionales en 2025, una décima del PIB que ayuda a cumplir metas fiscales europeas. El Banco de España calcula que, sin este efecto, la recaudación por IRPF sería un 29% menor en términos de PIB. Esta práctica, rechazada por la oposición como "fiscalidad en frío", ha sido defendida por el Ministerio de Hacienda como necesaria para equilibrar las cuentas públicas, que muestran un déficit del 3,2% del PIB en 2025. Sin embargo, ha generado debates sobre equidad, con el 30% de contribuyentes de rentas bajas exentos, pero el 70% restante pagando más de lo que su poder adquisitivo real permite.
Socialmente, el récord en recaudación por IRPF ha polarizado opiniones, con trabajadores de clase media expresando frustración por la "trampa inflacionaria" que les empuja a tramos superiores sin ganancias reales. En regiones como Cataluña y Andalucía, donde el empleo ha crecido, el impacto es más visible, con sindicatos como CCOO demandando deflactación para aliviar la presión. Políticamente, fortalece las finanzas del Gobierno, pero alimenta críticas de la oposición, que lo ve como un "impuesto al trabajo" en un año electoral. Económicamente, contribuye a la estabilidad fiscal, pero podría frenar el consumo si la inflación persiste, con un PIB proyectado del 2,7% para 2025.
Este récord del 4,2% del PIB resalta la robustez del IRPF, pero también la necesidad de reformas para evitar que la no deflactación perpetúe desigualdades. Con la campaña de renta 2025 en marcha, millones de contribuyentes sentirán el efecto, recordando que un impuesto progresivo, sin ajustes, puede volverse regresivo en tiempos de precios crecientes.





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