La Ley de Concordia ha entrado en vigor en Extremadura , un hito legislativo impulsado por Vox y el Partido Popular (PP) que deroga la con...
La Ley de Concordia ha entrado en vigor en Extremadura, un hito legislativo impulsado por Vox y el Partido Popular (PP) que deroga la controvertida Ley de Memoria Democrática del PSOE, buscando dignificar a todas las víctimas de la violencia política en España desde 1931 sin distinción de bandos. Esta norma, aprobada por el Consejo de Gobierno autonómico con la firma del presidente Juan Manuel Moreno Bonilla, representa un cambio paradigmático en la memoria histórica regional, priorizando la equidad sobre narrativas ideológicas y reconociendo el sufrimiento de víctimas de ambos lados del espectro político, desde la República hasta la dictadura franquista y el terrorismo etarra. El PSOE, que defendió su ley como un acto de justicia reparadora, ha anunciado de inmediato que la recurrirá ante el Tribunal Constitucional, denunciando un "sesgo revisionista" que, según ellos, minimiza los crímenes del franquismo y reabre heridas en una comunidad donde el 40% de los extremeños tiene lazos familiares con la Guerra Civil.
La Ley de Concordia, de 25 artículos y un preámbulo emotivo, establece un marco integral para la memoria colectiva que incluye la creación de un Archivo Autonómico de Víctimas Políticas, accesible online y con fondos de 5 millones de euros para digitalizar testimonios y documentos de archivos locales. La norma declara que "la violencia política, en cualquiera de sus formas, es incompatible con los valores democráticos", reconociendo víctimas de la República, el franquismo, ETA y GRAPO sin jerarquías, y deroga las disposiciones de la ley socialista que priorizaban reparaciones exclusivas para represaliados del régimen. En Extremadura, donde se estima que 10,000 personas fueron víctimas de la represión en ambos bandos entre 1936 y 1975, la ley promueve actos de reconciliación como misas conjuntas en Badajoz y Cáceres, y becas para investigaciones neutrales en la Universidad de Extremadura, con un presupuesto inicial de 2 millones para memoriales compartidos.
El impulso de Vox y PP, aliados en la Junta desde 2023, ha sido crucial: el líder de Vox, Santiago Abascal, visitó Badajoz el 10 de octubre para respaldar la iniciativa, argumentando que "la memoria no puede ser un arma ideológica, sino un puente para la unidad". Moreno Bonilla, en una rueda de prensa en Mérida, enfatizó que la ley "cierra ciclos de odio" y responde a demandas de asociaciones como Dignidad y Justicia, que agrupan a víctimas de ETA y el GAL. La derogación elimina sanciones por apología del franquismo y crea un consejo consultivo con historiadores de todos los espectros, asegurando que el 50% de fondos se destine a víctimas de la izquierda republicana.
El PSOE, con su portavoz extremeño, ha calificado la ley como "un retroceso histórico" que "blanquea el franquismo", anunciando su recurso al Tribunal Constitucional por vulnerar la Constitución al "igualar genocidio con resistencia". En Extremadura, donde el 30% de la población es de clase media rural sensible a la memoria familiar, la medida ha polarizado: un 55% la apoya según encuestas locales, mientras el 35% la ve como "venganza política". Económicamente, los 5 millones iniciales podrían generar 10 millones en turismo memorial, pero socialmente ha unido a víctimas transgeneracionales, con actos reconciliadores en Trujillo y Plasencia. Políticamente, fortalece la coalición PP-Vox, pero arriesga judicialización si el Constitucional interviene.
Esta ley no solo deroga un modelo ideológico, sino que deja un legado de equidad en la memoria, recordando que la historia une cuando se cuenta sin sesgos.





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