Marruecos vive su tercera noche consecutiva de disturbios intensos contra el régimen del rey Mohamed VI, con escenas de brutal represión pol...
Marruecos vive su tercera noche consecutiva de disturbios intensos contra el régimen del rey Mohamed VI, con escenas de brutal represión policial que incluyen atropellos deliberados a manifestantes de la Generación Z, dejando heridos graves en ciudades como Rabat, Casablanca y Agadir. Estas protestas, que han reunido a miles de jóvenes en las calles durante el fin de semana, han escalado a un nivel de confrontación no visto en años, con la policía utilizando vehículos para embestir a los participantes, gases lacrimógenos y detenciones masivas que suman al menos 300 arrestos. La indignación ha alcanzado su pico tras la muerte de ocho mujeres embarazadas por negligencia en el Hospital Hassan II de Agadir, convirtiendo el movimiento en un clamor por justicia social, sanidad digna y el fin de la corrupción, en un país donde la juventud, la más numerosa demográficamente, se levanta contra un sistema que los margina.
La represión ha sido particularmente violenta esta noche. En Rabat, donde los manifestantes intentaron avanzar hacia la Plaza de los Manos que Curan para exigir la dimisión del primer ministro Aziz Akhannuch, vehículos policiales aceleraron contra el grupo, atropellando a al menos tres jóvenes que resultaron con fracturas y conmociones. Videos grabados por participantes muestran a los agentes conduciendo directamente hacia la multitud, un acto que ha sido calificado como intencional por testigos que gritaban "¡Asesinos!" mientras intentaban rescatar a los caídos. En Casablanca, la policía ha bloqueado accesos al bulevar Mohammed V con barricadas de contenedores incendiados por los manifestantes, y ha respondido con cañones de agua y pelotas de goma, dejando un saldo de 20 heridos graves, incluyendo un adolescente con impacto en la cabeza. En Agadir, el epicentro del drama hospitalario, los enfrentamientos han sido los más crudos, con más de 50 detenidos tras intentos de asaltar la comisaría central.
La "Generación Z 212", un movimiento horizontal y anónimo que se organiza a través de WhatsApp y Telegram, ha ampliado sus demandas más allá de la sanidad, denunciando un desempleo juvenil del 35%, la inflación que ha duplicado el precio de la cesta básica en un año y la opacidad en los fondos del Mundial 2030, que el país coorganizará con España y Portugal. Los jóvenes, nacidos entre 1995 y 2010 y que representan el 25% de la población, reclaman educación gratuita de calidad, hospitales equipados y justicia contra la élite corrupta, con cánticos como "¡No queremos estadios, queremos vidas!" resonando en las calles. En Marrakech, estudiantes han ocupado la Universidad Cadi Ayyad, bloqueando aulas para protestar contra la ley 59.24 que pone fin a la gratuidad universitaria, mientras en Tánger, pescadores se han unido exigiendo inversión en infraestructuras costeras.
La policía, desplegada con 5,000 agentes en las ciudades principales, ha utilizado tácticas de contención agresivas, incluyendo infiltrados vestidos de civil para identificar líderes y furgonetas que cargan con detenidos sin identificar. En Uxda, una ciudad oriental con fuerte presencia amazigh, los manifestantes han respondido con piedras y barricadas, dejando varios heridos en las filas policiales, pero la represión ha sido desproporcionada, con reportes de golpes y detenciones arbitrarias. El régimen, que ha cerrado TikTok y Twitter en regiones afectadas para limitar la coordinación, ha detenido a padres con hijos menores, una táctica que ha indignado a la sociedad y generado llamados internacionales a la moderación.
El impacto es devastador. En Agadir, familias han convertido el hospital en un memorial con fotos de las víctimas, mientras el comercio local cierra por temor a saqueos. En Rabat, estudiantes han pasado la noche en plazas, desafiando toques de queda, y en Casablanca, el metro ha sido paralizado por protestas en estaciones. El rey Mohamed VI, que prometió reformas en julio, enfrenta su mayor desafío desde las protestas del 20 de febrero de 2011, con la juventud rechazando su narrativa de progreso. Socialmente, ha unido a clases medias y pobres en una causa común, mientras la represión ha silenciado voces, con arrestados sin contacto con abogados.
Políticamente, el movimiento podría forzar un cambio, con la oposición parlamentaria exigiendo elecciones anticipadas. La Generación Z, sin líderes visibles, representa una revuelta digital que el régimen no anticipó, y su persistencia podría erosionar la legitimidad de Mohamed VI. Con la tercera noche en curso, Marruecos se encuentra en un precipicio, donde la ira juvenil podría catalizar reformas o derivar en un conflicto mayor, dejando un legado de resistencia que trasciende generaciones.





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