El Parlamento de Portugal ha aprobado en primera lectura una controvertida iniciativa del partido de derecha Chega para prohibir el uso del...
El Parlamento de Portugal ha aprobado en primera lectura una controvertida iniciativa del partido de derecha Chega para prohibir el uso del burka y el niqab islámicos en espacios públicos, una medida que busca regular "ropas destinadas a tapar el rostro" con el argumento de reforzar la seguridad nacional y defender los derechos de las mujeres. La votación, celebrada este viernes en Lisboa, contó con 120 votos a favor —principalmente de Chega, PSD y algunos diputados del CDS-PP— frente a 97 en contra, liderados por el Partido Socialista (PS) y el Bloque de Izquierda (BE), aunque la norma aún está sujeta a modificaciones y una votación final prevista para diciembre. La propuesta, que ha desatado un intenso debate en un país conocido por su secularismo moderado, refleja una postura cada vez más estricta hacia las expresiones religiosas visibles, alineándose con legislaciones similares en Francia, Dinamarca y Bélgica, pero generando división entre quienes ven en ella una protección y quienes la consideran una violación de libertades.
Chega, liderado por André Ventura, defendió la medida con el lema "Quien llegue a Portugal, venga de donde venga, con las costumbres y religión que tenga, tiene que cumplir, respetar y hacer respetar las costumbres y los valores de ese país". El partido argumenta que el burka y el niqab, que cubren el rostro dejando solo los ojos visibles, representan un riesgo para la seguridad pública al dificultar la identificación en aeropuertos, estaciones y espacios concurridos, además de ser un símbolo de opresión hacia las mujeres en comunidades musulmanas. La iniciativa propone multas de hasta 500 euros para quienes incumplan la prohibición, con excepciones para motivos médicos o culturales documentados, y delega a las autoridades locales la implementación de controles. Ventura, en un discurso en el Parlamento, afirmó que "Portugal no puede ceder ante el extremismo religioso", citando un supuesto aumento del 15% en incidentes de seguridad relacionados con identidades ocultas en 2024.
La comunidad musulmana portuguesa, que cuenta con 60,000 fieles —el 0.6% de la población—, ha reaccionado con indignación. La Unión Islámica de Portugal ha calificado la medida como "discriminación pura" y un ataque a la libertad religiosa, organizando una protesta silenciosa frente a la Mezquita Central de Lisboa este sábado, donde 2,000 personas mostraron carteles con "Mi velo, mi elección". Activistas de derechos humanos, incluidos Amnistía Internacional, han advertido que la prohibición podría afectar a 5,000 mujeres que usan el niqab, forzándolas a elegir entre su fe y la participación en la vida pública, un dilema que el PS ha denunciado como "incompatible con los valores democráticos de Portugal". El Gobierno, liderado por el socialista António Costa, ha prometido enmendar la ley para incluir salvaguardas de derechos, sugiriendo exenciones amplias y campañas de sensibilización, aunque su influencia podría no ser suficiente para revertir el apoyo conservador.
Económicamente, la medida no tiene impacto directo, pero podría afectar el turismo religioso y la imagen de Portugal como destino inclusivo, con una caída proyectada del 2% en visitantes de países musulmanes como Marruecos. Socialmente, ha polarizado: un 58% de encuestados en Público apoya la seguridad, pero un 42% rechaza la "islamofobia", con tensiones en barrios como Martim Moniz, donde residen muchas familias inmigrantes. Políticamente, fortalece a Chega, que sube un 5% en encuestas locales, mientras el PS arriesga perder apoyo en Lisboa. Esta prohibición, aún en proceso, no solo redefine la laicidad portuguesa, sino que deja un legado de controversia en un país que enfrenta su identidad multicultural.





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