El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez , ha sido nuevamente excluido de una reunión de alto nivel en la cumbre de paz para Orient...
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha sido nuevamente excluido de una reunión de alto nivel en la cumbre de paz para Oriente Medio en Sharm El-Sheikh, Egipto, donde otros primeros ministros europeos como Emmanuel Macron de Francia, Keir Starmer del Reino Unido y Giorgia Meloni de Italia han participado activamente en las discusiones clave sobre el futuro de Gaza. Esta ausencia, que se suma a varias en los últimos meses —como la cumbre virtual de líderes europeos sobre Ucrania en agosto y el encuentro con el vicepresidente estadounidense JD Vance—, pone de manifiesto el creciente aislamiento diplomático de España en foros internacionales de alto impacto, dejando al país fuera de las decisiones que podrían redefinir la estabilidad regional. Fuentes cercanas a la cumbre indican que la selección de participantes se basó en su influencia directa en la mediación, con España considerada un actor secundario pese a su reconocimiento de Palestina en 2024 y su retórica pro-arabe.
La cumbre, celebrada el lunes 13 de octubre en el exclusivo resort Mena House de Sharm El-Sheikh, reunió a un círculo restringido de líderes para afinar detalles del plan de paz propuesto por Donald Trump, que incluye la liberación de rehenes, desarme de Hamás y reconstrucción de Gaza con 50 mil millones de dólares. Macron, con su experiencia en mediaciones mediterráneas, lideró las discusiones sobre la supervisión internacional, mientras Starmer enfatizó el rol de la ONU en la gobernanza temporal, y Meloni presionó por garantías de seguridad para Israel. Sánchez, que asistió a la sesión plenaria general como último invitado, fue relegado a un papel testimonial, sin acceso a las negociaciones VIP que definieron cláusulas como la no expulsión forzada de palestinos y el despliegue de Cascos Azules. Esta exclusión, similar a la de la reunión telemática de Friedrich Merz sobre Ucrania en agosto, donde participaron Stubb, Tusk y Von der Leyen, resalta un patrón: España queda fuera de los núcleos decisorios pese a su peso en la UE.
El aislamiento de Sánchez no es casual. Fuentes diplomáticas europeas atribuyen su marginación a tensiones con Washington —tras el veto español al paso de armamento a Israel por Rota y Morón— y a la percepción de que Madrid prioriza retórica progresista sobre influencia práctica. En la cumbre de Alaska entre Trump y Putin en julio, España tampoco fue invitada al seguimiento con Vance, y en la carta europea pro-Ucrania de agosto, firmada por 25 países, Sánchez fue uno de los ausentes. Esta dinámica ha sido criticada por el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, quien defendió que "España debe contar en la mesa de la paz", mientras Vox acusa a Sánchez de "autodespreciarse" por su alineación con la izquierda radical.
El impacto es multifacético. Diplomáticamente, España pierde voz en temas cruciales como la reconstrucción de Gaza, donde podría liderar esfuerzos humanitarios con su experiencia en cooperación. Económicamente, la exclusión podría costar oportunidades en contratos de 10 mil millones para infraestructuras palestinas. Socialmente, ha polarizado: simpatizantes ven en ella un aislamiento ideológico, mientras críticos la atribuyen a errores de Sánchez. Políticamente, debilita al PSOE de cara a 2026, con encuestas mostrando un 55% de españoles insatisfechos con su liderazgo internacional.
Con la cumbre de Sharm concluyendo sin Sánchez en el núcleo, España enfrenta un dilema: ¿es su aislamiento un precio por principios o un error estratégico? En un mundo multipolar, quedar fuera de las mesas clave podría dejar a Madrid como espectador, no como jugador.





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