Sarah Mullaly ha sido nombrada arzobispa de Canterbury y líder suprema de la Iglesia de Inglaterra, convirtiéndose en la primera mujer en la...
Sarah Mullaly ha sido nombrada arzobispa de Canterbury y líder suprema de la Iglesia de Inglaterra, convirtiéndose en la primera mujer en la historia de esta institución milenaria que data del siglo VII. Esta designación, que marca un hito histórico para el anglicanismo, posiciona a Mullaly, de 59 años, como la 106ª arzobispa en una línea que incluye figuras como Thomas Cranmer y Rowan Williams, y la eleva a un rol simbólico de unidad espiritual para los 85 millones de fieles en todo el mundo. Su elección, aprobada por el rey Carlos III y el primer ministro, refleja los esfuerzos de la Iglesia por modernizarse y abordar desafíos contemporáneos como la igualdad de género y la inclusión, en un momento en que la institución enfrenta declive de feligreses y debates internos sobre doctrina.
Mullaly, originaria de Londres y ordenada obispo en 2015, trae una trayectoria marcada por su compromiso con la justicia social y la pastoral. Antes de su ascenso, sirvió como obispo de Londres, la diócesis más grande de Inglaterra, donde impulsó reformas para empoderar a mujeres en el clero y abordar la crisis de abuso sexual en la Iglesia. Su nombramiento, anunciado en una ceremonia privada en Lambeth Palace, el residencia histórica del arzobispo, ha sido visto como un paso audaz hacia la paridad, aunque no sin controversias en sectores conservadores que cuestionan la tradición apostólica masculina. Como arzobispa, Mullaly presidirá la Comunión Anglicana, un cuerpo global que incluye iglesias autónomas en África, Asia y América, y liderará servicios en la Catedral de Canterbury, el sitio espiritual del anglicanismo.
El rol de arzobispa de Canterbury es más simbólico que ejecutivo, actuando como "primado de toda Inglaterra" y presidente del Sínodo General, donde debate doctrina y finanzas. Mullaly hereda una Iglesia en transición, con feligresía en declive —de 1.7 millones en 2000 a 800,000 en 2025— y divisiones sobre temas como el matrimonio gay y la ordenación de mujeres obispas, que ya se permite desde 2014. Su agenda priorizará la evangelización digital, la reconciliación con la Iglesia de Roma y la acción climática, alineada con el Encíclica Laudato Si' del papa Francisco. Como mujer, enfrentará escrutinio en la Comunión Anglicana, donde iglesias africanas conservadoras, que representan el 60% de los fieles, rechazan la igualdad de género, potencialmente fragmentando la unidad global.
La elección de Mullaly ha generado reacciones mixtas. En Inglaterra, grupos progresistas la celebran como un símbolo de empoderamiento, con mujeres clérigas organizando eventos de apoyo, mientras conservadores como el obispo de Exeter la critican por "diluir la tradición". Internacionalmente, la Iglesia de Nigeria ha expresado "preocupación" por su género, amenazando con boicots a reuniones anglicanas. Mullaly, en su primer discurso, prometió "servicio humilde" y diálogo interreligioso, enfatizando la inclusión como mandato evangélico. Su fondo en trabajo social, donde sirvió como matrona en hospitales antes de ordenarse en 1994, le da una perspectiva pastoral que podría revitalizar la Iglesia, atrayendo a jóvenes y marginados.
Económicamente, su liderazgo podría impulsar donaciones, con la Iglesia de Inglaterra gestionando un patrimonio de 10 mil millones de libras, pero enfrenta desafíos como el cierre de parroquias por falta de fondos. Socialmente, ha inspirado a mujeres en el clero, con un aumento del 15% en ordenaciones femeninas desde 2015, pero ha profundizado divisiones en la Comunión, donde África domina numéricamente. Políticamente, coincide con el gobierno laborista de Keir Starmer, que apoya la igualdad de género, fortaleciendo lazos Iglesia-Estado.
Mullaly, con su experiencia en la pandemia como obispo durante el confinamiento, trae resiliencia a un rol que simboliza la fe anglicana en un mundo secular. Su nombramiento no solo rompe techos de cristal, sino que invita a una Iglesia más inclusiva, navegando tradiciones antiguas en un mundo moderno.





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