Taiwán ha confirmado sus primeros casos de fiebre porcina africana (FPA) en una granja de la ciudad de Taichung , desencadenando la inmediat...
Taiwán ha confirmado sus primeros casos de fiebre porcina africana (FPA) en una granja de la ciudad de Taichung, desencadenando la inmediata sacrificación de casi 200 cerdos y la activación de una zona de control que prohíbe el transporte y la faena de animales durante cinco días, una medida urgente para contener lo que podría convertirse en un brote nacional devastador. El Ministerio de Agricultura taiwanés, a través de un comunicado emitido a medianoche, confirmó que pruebas realizadas en la granja, una explotación con 1.500 cabezas en el distrito de Wuqi, detectaron el virus en 18 cerdos, con síntomas como fiebre alta, hemorragias internas y letargo, tras lo cual se ordenó el sacrificio de los animales infectados y otros 180 como medida preventiva. El gobierno, liderado por la presidenta Tsai Ing-wen, ha instado a la población a mantener la calma, pero ha elevado el nivel de alerta, desplegando 300 inspectores y equipos veterinarios para rastrear el origen —posiblemente relacionado con carne contaminada de contrabando desde China— y evitar la propagación en una industria porcina que representa el 10% del PIB agrícola local.
La detección se produjo tras una denuncia de los propietarios de la granja, quienes notaron un aumento de mortalidad del 15% en los últimos días, un patrón que activó la Unidad de Respuesta Rápida del Consejo de Agricultura. Los análisis, realizados en el Laboratorio Nacional de Salud Animal en Taipei, confirmaron la presencia del virus de la FPA, una enfermedad altamente contagiosa pero no transmisible a humanos, que podría devastar los 5.8 millones de cerdos de Taiwán si no se controla. La zona de control, que abarca un radio de 3 km alrededor de la granja, prohíbe el movimiento de ganado, productos porcinos y vehículos agrícolas hasta el 28 de octubre, mientras equipos de desinfección recorren caminos y mercados locales, clausurando 12 puntos de venta de carne sospechosos. El gobierno ha anunciado una compensación de 50.000 dólares taiwaneses por cerdo sacrificado (unos 1.5 millones en total), pero los granjeros vecinos, que temen pérdidas de 200 millones si el brote se extiende, exigen cuarentenas más amplias.
El temor a un brote nacional tiene raíces recientes. China continental, que comparte fronteras marítimas con Taiwán, ha lidiado con la FPA desde 2018, sacrificando 1.2 millones de cerdos, y expertos creen que el virus pudo llegar vía contrabando en barcos pesqueros o envíos ilegales de carne procesada, una práctica detectada en 15 puertos taiwaneses en 2024. El Consejo de Agricultura ha intensificado inspecciones en Kaohsiung y Keelung, donde se incautaron 500 kg de carne contaminada el mes pasado, y ha pedido a la población no comprar productos porcinos de origen dudoso, mientras supermercados como Carrefour y PX Mart han retirado lotes preventivamente. Tsai, en un discurso a las 02:00 AM, ha enfatizado que "Taiwán tiene la capacidad de contener esta amenaza", pero ha advertido que "la vigilancia ciudadana es clave", ordenando el despliegue de drones para monitorear granjas remotas.
La industria porcina, que emplea a 150.000 personas y genera 2.5 mil millones de dólares anuales, está en vilo, con el precio del cerdo vivo subiendo un 5% a 80 dólares por cabeza ante la incertidumbre. Socialmente, ha generado ansiedad en comunidades rurales, con un 60% de encuestados en Taipei Times apoyando medidas estrictas, pero un 30% temiendo escasez. Políticamente, el Partido Progresista Democrático (DPP) de Tsai refuerza su narrativa de defensa nacional, mientras el opositor Kuomintang critica la falta de prevención fronteriza. Este brote no solo amenaza al sector agrícola, sino que deja un legado de alerta sanitaria en un Taiwán vulnerable a presiones externas.
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