Cuatro años después de que Pekín declarara ilegal toda actividad relacionada con criptomonedas y ordenara el cierre masivo de las granjas d...
Cuatro años después de que Pekín declarara ilegal toda actividad relacionada con criptomonedas y ordenara el cierre masivo de las granjas de minería que en 2020 representaban más del 70 % del hashrate mundial de Bitcoin, la industria está regresando silenciosamente al gigante asiático, según una investigación publicada este lunes por Reuters. Fuentes del sector, operadores de pools y datos on-chain confirman que entre el 15 % y el 20 % del poder de cómputo global de la red Bitcoin vuelve a originarse en territorio chino, principalmente en las provincias de Sichuan, Yunnan, Mongolia Interior y Xinjiang.
El renacimiento se produce bajo un modelo radicalmente distinto al de la era pre-prohibición. Ya no existen las mega-granjas de decenas de miles de máquinas concentradas en un solo lugar y alimentadas por presas hidroeléctricas o carbón barato. En su lugar han surgido cientos de operaciones pequeñas y medianas (de 100 a 2.000 equipos) camufladas como centros de datos de inteligencia artificial, almacenes logísticos o incluso fábricas de procesamiento de lana y nueces. Muchas se ubican en parques industriales abandonados o en zonas rurales con acceso a electricidad sobrante de paneles solares y pequeñas centrales hidroeléctricas que no figuran en los registros oficiales.
Los mineros operan a través de empresas pantalla registradas en Hong Kong, Singapur o Islas Vírgenes Británicas y utilizan VPN, servidores intermediarios en Kazajistán y Rusia, y pools extranjeros como Foundry USA o AntPool (este último todavía controlado desde Pekín, aunque con sede formal en Seychelles) para ocultar la procedencia real del hashrate. El pago de la electricidad se realiza muchas veces en efectivo o mediante stablecoins transferidas a cuentas de terceros, lo que dificulta el rastreo por parte de las autoridades locales.
El principal impulsor es económico: tras la salida masiva de 2021, el precio de los ASIC de última generación (especialmente Bitmain Antminer S21 y MicroBT M60S) se desplomó en el mercado secundario chino, y la abundancia de energía renovable infrautilizada durante la estación húmeda en el suroeste del país permite rentabilidades que superan el 60 % incluso con el Bitcoin rondando los 94.000 dólares. Además, la política de “carbono dual” ha obligado a muchas pequeñas centrales hidroeléctricas privadas a buscar clientes alternativos, y los mineros pagan tarifas hasta un 30 % superiores al precio regulado para garantizar discreción.
Aunque el Banco Popular de China y la Administración del Ciberespacio reiteraron en septiembre de 2024 que la prohibición sigue plenamente vigente y castigan con hasta siete años de prisión la minería a gran escala, las redadas se concentran casi exclusivamente en operaciones que consumen electricidad de la red estatal o que provocan quejas vecinales por ruido. Los mineros entrevistados por Reuters aseguran que, mientras mantengan un perfil bajo y paguen “tasas de protección” locales, las autoridades provinciales hacen la vista gorda, especialmente en regiones con alto desempleo tras el cierre de las antiguas granjas.
Analistas de Cambridge Centre for Alternative Finance y de la firma de inteligencia blockchain Chainalysis coinciden en que el hashrate chino podría alcanzar el 30 % del total mundial antes de finales de 2025 si el precio de Bitcoin se mantiene por encima de los 90.000 dólares. Este regreso subterráneo complica los esfuerzos de Estados Unidos por dominar la minería global y plantea nuevas preguntas sobre la efectividad real de las prohibiciones en un ecosistema cada vez más descentralizado y resiliente.





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