La Policía Nacional ha asestado un golpe sin precedentes al crimen organizado transnacional al desmantelar la primera célula del Tren de Ar...
La Policía Nacional ha asestado un golpe sin precedentes al crimen organizado transnacional al desmantelar la primera célula del Tren de Aragua en España, una de las bandas más violentas surgidas en Venezuela y que había extendido sus tentáculos a cinco provincias: Barcelona, Madrid, Girona, A Coruña y Valencia. En una operación relámpago que movilizó a 300 agentes de la Brigada Central de Crimen Organizado y la UDYCO, se han detenido a 13 individuos —11 hombres y 2 mujeres de entre 22 y 45 años— acusados de integrar esta estructura criminal dedicada a ejecuciones por encargo, secuestros exprés, extorsiones a comerciantes, tráfico de drogas sintéticas y trata de personas. Los arrestos, ejecutados en redadas simultáneas que comenzaron a las 05:00 horas, han permitido incautar dos laboratorios clandestinos de cocaína rosa (tusi), 15 kilos de esta sustancia valorados en 1,2 millones de euros, 8 kilos de cocaína pura, una plantación indoor de marihuana con 1.200 plantas y armamento que incluye tres pistolas con silenciador y un subfusil.
El Tren de Aragua, nacido en las cárceles venezolanas y expandido a Chile, Perú y Colombia, había elegido España como su nuevo feudo europeo, estableciendo células en barrios como El Raval en Barcelona y Usera en Madrid, donde controlaban el menudeo de tusi —una droga de diseño que mezcla ketamina, MDMA y cafeína— y extorsionaban a hosteleros con cuotas de 5.000 euros semanales. Los detenidos, liderados por un exmilitar venezolano conocido como "El Gato", operaban con jerarquía militar: "lugartenientes" en cada provincia coordinaban secuestros de 48 horas para exigir rescates de 20.000 euros, mientras "soldados" ejecutaban ajustes de cuentas con métodos importados de Venezuela, como el "tiro al cuello" o la "sierra eléctrica". En Girona, un empresario fue secuestrado durante 36 horas en un piso franco; en A Coruña, un traficante rival fue tiroteado en la puerta de su casa.
La operación, bautizada "Aragua-0", ha desarticulado cinco pisos francos y un taller de embalaje en polígonos industriales, donde se preparaban envíos de tusi camuflados en paquetes de café. Los laboratorios, uno en un sótano de L’Hospitalet de Llobregat y otro en un chalet de Pozuelo de Alarcón, producían 10 kilos semanales de cocaína rosa, con un beneficio estimado de 800.000 euros. La plantación indoor en un nave de Cornellà, con 1.200 plantas en hidroponía y luces LED, generaba 300 kilos de marihuana al mes, distribuida en mochilas de repartidores de Glovo. La policía ha intervenido 150.000 euros en efectivo, 12 teléfonos encriptados y un libro de contabilidad que detalla extorsiones a 80 comerciantes.
El impacto trasciende lo criminal. En Barcelona, 2.000 vecinos han celebrado en El Raval con pancartas de "Gracias Policía", mientras en Madrid, asociaciones de hosteleros han ofrecido recompensas de 50.000 euros por información. Socialmente, el 70% de encuestados en La Vanguardia apoya más controles migratorios, pero un 30% teme estigmatización. Económicamente, el golpe reduce el 15% del tráfico de tusi en España, valorado en 500 millones anuales. Políticamente, fortalece al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, con su aprobación al 48%. Este desmantelamiento no solo desarticula una célula: deja un legado de alerta contra el crimen transnacional en una España que se blindará.





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