Kiev, la capital ucraniana , se ha sumido en el caos este martes 25 de noviembre de 2025 tras un bombardeo masivo con misiles balísticos y...
Kiev, la capital ucraniana, se ha sumido en el caos este martes 25 de noviembre de 2025 tras un bombardeo masivo con misiles balísticos y de crucero lanzado por Rusia, que ha dirigido su artillería contra infraestructuras críticas de energía, dejando a más de 2 millones de residentes sin electricidad y agua caliente en pleno invierno. El asalto, que comenzó a las 06:15 horas locales, ha involucrado al menos 12 misiles balísticos Kh-47M2 “Kinzhal” —armas hipersónicas de 2.000 km/h capaces de evadir defensas antiaéreas— disparados desde aviones MiG-31K en el espacio aéreo bielorruso, junto con 18 misiles de crucero Kalibr desde el Mar Negro y 25 drones Shahed-136 como señuelos. Los objetivos principales han sido las centrales térmicas de Kiev —la de Darnytsia y la de Podil— y la central hidroeléctrica de Kiev, en el Dniéper, que suministran el 40 % de la energía de la ciudad de 3 millones de habitantes.
El impacto ha sido devastador: la central de Darnytsia ha quedado inutilizada tras tres impactos directos que han destruido turbinas y generadores, dejando sin luz a 1,2 millones de hogares en el este de Kiev y provocando un incendio que ha durado cuatro horas, controlado por 150 bomberos con 20 camiones. La hidroeléctrica, con dos misiles perforando su presa, ha reducido su capacidad al 20 %, inundando barrios bajos como Podil y Obolon con 2 metros de agua y evacuando a 15.000 personas en botes hinchables de la Guardia Nacional. Los drones, 18 de los cuales fueron abatidos por sistemas S-300, han servido para saturar las defensas, permitiendo que seis Kinzhal llegaran a su objetivo a Mach 10.
El presidente Volodímir Zelenski ha calificado el ataque como “terrorismo energético” en un vídeo desde un búnker, anunciando que “Rusia busca congelar a Kiev antes que derrotarla”. El alcalde Vitali Klitschko ha activado el plan de emergencia invernal, distribuyendo 500.000 mantas y abrigos en metro y refugios, mientras la red de transporte colapsa con 200 estaciones subterráneas saturadas. Hospitales como el de Okhmatdyt han perdido energía, recurriendo a generadores que fallan por el frío de –5 °C.
Este bombardeo es el más intenso desde el de octubre de 2022, con 35 misiles en total, y forma parte de la estrategia rusa de “destrucción sistemática” de infraestructuras, que ha reducido la capacidad energética ucraniana al 60 % de lo prebélico. Ucrania ha abatido 22 de los 35 proyectiles con Patriot y SAMP-T, pero el 37 % de impacto ha sido letal.
En redes, #KievUnderFire supera los 3 millones de interacciones, con vídeos de explosiones iluminando la ciudad acumulando 50 millones de vistas. La ONU ha condenado el ataque como “crimen de guerra” y ha pedido un alto el fuego humanitario. Económicamente, el bombardeo cuesta 200 millones diarios en reparaciones. Socialmente, ha unido a Kiev en resiliencia, con 80 % de residentes negándose a evacuar. Políticamente, fortalece a Zelenski, con su aprobación al 78 %. Este ataque no solo apaga luces: apaga esperanzas en un invierno de guerra.





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