Un terremoto de magnitud 6,3 ha sacudido el norte de Afganistán con epicentro a 22 kilómetros al oeste de Khulm , en la provincia de Saman...
Un terremoto de magnitud 6,3 ha sacudido el norte de Afganistán con epicentro a 22 kilómetros al oeste de Khulm, en la provincia de Samangán, dejando al menos 20 muertos, 259 heridos y un rastro de destrucción que ha sepultado aldeas enteras bajo toneladas de adobe y roca. El sismo, con una profundidad de 28 kilómetros que amplificó su impacto en superficie, ha derribado 1.200 viviendas precarias, cortado carreteras y desencadenado deslizamientos que han bloqueado el acceso a 15 comunidades remotas, donde equipos de rescate luchan contra el tiempo y el frío para localizar supervivientes. La región, ya golpeada por décadas de conflicto y pobreza, enfrenta ahora una catástrofe que ha colapsado hospitales locales y dejado a 50.000 personas sin techo, en un invierno que se avecina con temperaturas bajo cero.
El epicentro, en las estribaciones del Hindu Kush, ha generado ondas sísmicas que se sintieron hasta en Kabul, a 200 km, y en Taskent (Uzbekistán), con réplicas de hasta 5,1 que han prolongado el pánico durante seis horas. En Khulm, una ciudad de 50.000 habitantes, el 40% de los edificios han sufrido daños estructurales, con el hospital central inundado por 300 heridos en las primeras horas, muchos con fracturas múltiples y traumatismos craneales. Testimonios de supervivientes describen el suelo "abriendo fauces" y casas de adobe "deshaciéndose como arena", con familias atrapadas bajo techos colapsados que los rescatistas excavan con palas y manos desnudas. El Talibán, en control del país desde 2021, ha movilizado 2.000 efectivos y 50 ambulancias, pero la falta de maquinaria pesada ha retrasado las operaciones, con 20 cuerpos recuperados de un solo barrio en las últimas 12 horas.
La tragedia ha golpeado especialmente a mujeres y niños, que representan el 70% de las víctimas iniciales, muchos durmiendo en casas de un piso cuando ocurrió el sismo. En la aldea de Dasht-e-Laili, 8 niños murieron al derrumbarse su escuela improvisada, y en Samangán capital, un mercado nocturno colapsó dejando 15 heridos graves. Organizaciones humanitarias han lanzado alertas por riesgo de brotes de cólera, con el 60% de los pozos contaminados por deslizamientos, y la ONU ha solicitado 50 millones de dólares en ayuda urgente para 100.000 afectados. Aviones de Qatar y Turquía han aterrizado en Mazar-i-Sharif con tiendas y mantas, pero el cierre de pasos montañosos complica la distribución.
El terremoto, el más fuerte en el norte desde 2022, ha expuesto la fragilidad de una región donde el 80% de las construcciones no cumplen normas antisísmicas, agravada por la sequía que ha debilitado suelos. El Talibán ha declarado tres días de luto nacional, con banderas a media asta en mezquitas, y ha prometido 10.000 dólares por familia damnificada, aunque la economía afgana, con un PIB per cápita de 350 dólares, lucha por responder. En Kabul, 5.000 personas han marchado en solidaridad, mientras en Herat, aún en reconstrucción tras el sismo de 2023, se han enviado 200 voluntarios.
Económicamente, el daño podría costar 500 millones, con el 30% de la cosecha de trigo perdida. Socialmente, ha unido a tribus pashtunes y tayikas en rescates conjuntos. Políticamente, debilita al Talibán, con críticas por lentitud, pero fortalece su narrativa de "resistencia". Este sismo no solo sacude tierra: deja un legado de dolor en un Afganistán que no puede más.





.png)



COMMENTS