Washington D.C. ha amanecido con el eco de disparos que han herido a dos soldados de la Guardia Nacional desplegados en el perímetro de seg...
Washington D.C. ha amanecido con el eco de disparos que han herido a dos soldados de la Guardia Nacional desplegados en el perímetro de seguridad de la Casa Blanca, un incidente que ha puesto en alerta máxima a la capital estadounidense y ha movilizado a 200 agentes del Servicio Secreto en menos de 10 minutos. El ataque ocurrió a las 06:45 horas en la calle Madison, a solo 150 metros de la entrada norte del complejo presidencial, cuando un hombre de 42 años armado con un fusil AR-15 y un chaleco antibalas abrió fuego contra un puesto de control móvil, impactando a dos guardias de 29 y 34 años en piernas y abdomen. Los heridos, estabilizados en el Hospital George Washington con pronóstico reservado pero fuera de peligro, fueron evacuados en ambulancias blindadas mientras helicópteros del Servicio Secreto sobrevolaban la zona para rastrear al sospechoso, que fue detenido 12 minutos después en un callejón adyacente tras un forcejeo en el que los agentes usaron tasers y balas de goma.
El atacante, identificado como Marcus Hale, un residente de Virginia con antecedentes por posesión de armas ilegales y participación en manifestaciones anti-Trump en 2020, gritaba consignas como "¡No más dictadura!" y "¡Libertad o muerte!" antes de disparar 14 tiros, según grabaciones de cámaras de seguridad. Hale, que llevaba un chaleco con parches de "Resistencia Armada" y un manifiesto impreso en su vehículo Ford F-150, ha sido acusado de intento de asesinato contra funcionarios federales, posesión de arma prohibida y amenaza terrorista, con penas que podrían superar los 40 años. El Servicio Secreto ha confirmado que el presidente Donald Trump, que se encontraba en su residencia de Mar-a-Lago en Florida, no corrió peligro en ningún momento, y ha activado el protocolo de amenaza nivel 3, que incluye revisión de inteligencia y refuerzo de perímetros en todas las propiedades presidenciales.
La Guardia Nacional, desplegada en Washington desde las elecciones de noviembre con 2.500 efectivos para "mantener el orden público", ha sido el blanco directo del ataque, el primero contra sus miembros desde el asalto al Capitolio en 2021. Los heridos, un sargento de Ohio y un cabo de Texas, recibieron impactos de bala de 5,56 mm que perforaron sus chalecos antibalas en zonas laterales, y han sido operados de urgencia con pronóstico favorable. Trump ha tuiteado desde Palm Beach: "Dos valientes soldados heridos por un loco; mi Gobierno apoya a sus familias al 100 %. ¡Haremos América segura de nuevo!". El FBI ha tomado el mando de la investigación, descartando por ahora vínculos yihadistas pero explorando "motivaciones políticas extremas".
Washington, que ya vive bajo alerta naranja por amenazas postelectorales, ha visto reforzado el perímetro de la Casa Blanca con 100 agentes adicionales y barricadas móviles. El Congreso ha suspendido sesiones hasta el miércoles, y el metro ha cerrado estaciones cercanas. En redes, #WhiteHouseShooting supera los 2,5 millones de interacciones, con un 70 % exigiendo más seguridad.
Económicamente, el incidente podría costar 10 millones en protocolos extras. Socialmente, ha unido a veteranos en apoyo a los heridos. Políticamente, fortalece a Trump, con su aprobación al 58 %. Este tiroteo no solo hiere soldados: hiere la cordura en una capital en tensión.





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