La Administración Trump ha colocado al ex presidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero en el centro de su diana venezolana...
La Administración Trump ha colocado al ex presidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero en el centro de su diana venezolana. Según fuentes próximas al Departamento de Estado consultadas por El Debate, Washington identifica al líder socialista como la quinta cabeza de un régimen que, para la Casa Blanca, solo se mantiene en pie gracias a Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello, Vladimir Padrino López y el propio Zapatero. El ex mandatario español no es un invitado ocasional: es, según los informes internos que circulan por Langley y Foggy Bottom, “el embajador global del chavismo”, el hombre que abre puertas en Europa, Asia y América Latina mientras Maduro cierra urnas en Caracas.
El rumor de que su visado estadounidense ya está en la papelera de “personas non grata” corre como pólvora entre los pasillos del Capitolio. Tres congresistas republicanos y un senador preparan una moción que podría convertir a Zapatero en el primer ex jefe de Gobierno europeo sancionado por “injerencia hostil”. Marco Rubio, secretario de Estado, lo tiene claro: “No hay diálogo posible mientras Zapatero siga siendo el escudo diplomático de Maduro”. En Miami, los exiliados venezolanos celebran la noticia con banderas y bocinas; en Madrid, el PSOE guarda un silencio que suena a funeral.
Zapatero lleva una década tejiendo esa red. Desde 2015 ha pisado Caracas 42 veces –más que cualquier otro líder europeo vivo– y siempre con billete de ida y vuelta pagado por el erario chavista. El régimen le cedió un ático de 400 metros en Altamira valorado en 1,5 millones de dólares: salón para 30 comensales, despacho blindado y terraza con vistas al Ávila donde recibe a empresarios españoles que, semanas después, firman contratos de millones con PDVSA. En ese mismo piso se reunió con Víctor de Aldama y con un sobrino de Maduro condenado en EE.UU. por narcotráfico. “Es mi casa cuando estoy aquí”, reconoció Zapatero a un colaborador, según testigos.
El dinero no es rumor: la Guardia Civil documentó en 2024 que Zapatero percibió al menos 500.000 euros del Estado español por “gastos de representación” en sus viajes, a los que hay que sumar los 200.000 anuales que, según fuentes venezolanas, le transfiere el Ministerio de Finanzas chavista a una cuenta en Suiza. A cambio, el ex presidente ha actuado como observador en cinco elecciones fraudulentas, ha defendido en Bruselas la “transparencia” del sistema electoral venezolano y ha mediado para que Jorge Rodríguez –hermano de Delcy– intentara un ascenso fallido que le hubiera convertido en delfín de Maduro.
En Washington no perdonan que Zapatero lograra en 2019 la liberación de 14 presos políticos a cambio de que la oposición moderada aceptara sent114arse con el régimen en Barbados. Aquel pacto, sellado con champán en el Gran Meliá Caracas, permitió a Maduro ganar tiempo y oxígeno. Hoy, con Edmundo González exiliado en Madrid y María Corina Machado premiada con el Nobel de la Paz, la Casa Blanca considera que Zapatero es el último hilo que ata al chavismo al mundo civilizado.
El plan Trump es quirúrgico: congelar sus cuentas, vetar su entrada y presionar a España para que retire su escolta oficial –12 cámaras y garita permanente en su nuevo chalet de Las Rozas, pagados por Marlaska–. Si Sánchez se resiste, el siguiente paso será incluir al PSOE en la lista de “organizaciones que facilitan el narcoterrorismo”. En Caracas, Maduro ya ha ordenado blindar el ático de Altamira; en Madrid, Zapatero ha cancelado su agenda internacional. Por primera vez en diez años, el mediador se ha quedado sin mesa.





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