El general Fanil Sarvarov, alto mando de las Fuerzas Armadas Rusas y uno de los oficiales más influyentes del Estado Mayor en Moscú, ha sido asesinado este jueves 18 de diciembre de 2025 en plena calle, en el centro de la capital rusa. El crimen, ejecutado con extrema precisión y violencia, ha conmocionado al Kremlin y ha elevado la alerta máxima en los círculos militares y de inteligencia del país. Sarvarov, de 58 años y especialista en guerra electrónica, fue interceptado por un sicario motorizado en la avenida Tverskaya mientras caminaba solo hacia su vehículo oficial. El atacante, que se desplazaba en una motocicleta negra, se acercó a la víctima, le disparó seis veces a quemarropa con una pistola silenciada y huyó a toda velocidad por las calles adyacentes, perdiéndose en el tráfico matutino.
El general, que vestía de civil y no llevaba escolta visible —una decisión que ahora se investiga como posible negligencia de seguridad—, cayó fulminado al instante. Los disparos, todos en cabeza y tórax, fueron tan certeros que no hubo oportunidad de respuesta. Los transeúntes que presenciaron el ataque alertaron a la policía, pero el asesino había desaparecido en menos de 30 segundos. La zona fue acordonada inmediatamente por decenas de agentes del FSB y la Policía de Moscú, que desplegaron helicópteros y unidades cinólogas para rastrear al fugitivo. Hasta el momento, no hay detenciones, pero las autoridades han difundido imágenes de la motocicleta y del sospechoso captadas por cámaras de seguridad.
Sarvarov era una figura clave en el alto mando ruso: responsable de la modernización de los sistemas de guerra electrónica y ciberdefensa, había sido condecorado varias veces por su labor en Ucrania y en operaciones en Siria. Su muerte representa un golpe directo al núcleo militar del país, especialmente en un momento de máxima tensión con Occidente. El Kremlin ha calificado el asesinato de “acto terrorista” y ha ordenado una investigación a cargo del Comité de Investigación Federal, con participación personal del director del FSB, Alexander Bortnikov.
La familia del general, que incluye a su esposa y tres hijos, ha sido puesta bajo protección especial. Fuentes militares han filtrado que Sarvarov había recibido amenazas anónimas en las últimas semanas por su rol en la neutralización de drones ucranianos y en la ciberdefensa contra ataques occidentales. El asesinato podría estar relacionado con su labor en la identificación de redes de sabotaje en territorio ruso o con venganzas personales de enemigos internos.
El impacto ha sido inmediato: el presidente Putin ha convocado una reunión de urgencia del Consejo de Seguridad Nacional y ha anunciado que se reforzará la seguridad de todos los altos mandos militares. En Moscú, la avenida Tverskaya ha permanecido cortada durante horas, y se han desplegado francotiradores en tejados cercanos. La opinión pública rusa, ya sensibilizada por la guerra, ha reaccionado con indignación y miedo: miles de mensajes en redes exigen “respuesta dura” y “caza de los traidores”.
El caso se suma a una serie de asesinatos selectivos de oficiales rusos en los últimos meses, algunos en territorio nacional y otros en el extranjero. La hipótesis principal apunta a servicios de inteligencia ucranianos o a grupos disidentes internos, aunque no se descarta la implicación de potencias occidentales. La viuda de Sarvarov ha pedido justicia y ha declarado que “mi marido murió por defender a Rusia, y no pararemos hasta que paguen los culpables”.
Este asesinato no solo priva a Rusia de un general brillante: envía un mensaje claro de que ni siquiera en el corazón de Moscú están a salvo los hombres que sostienen el régimen.

No hay comentarios:
Publicar un comentario