Robert Kiyosaki , autor del best-seller “ Padre Rico, Padre Pobre ”, ha vuelto a disparar con todo contra el dinero fiduciario en una serie...
Robert Kiyosaki, autor del best-seller “Padre Rico, Padre Pobre”, ha vuelto a disparar con todo contra el dinero fiduciario en una serie de publicaciones y entrevistas que no dejan lugar a dudas: según él, estamos presenciando el colapso final del sistema monetario basado en papel que los bancos centrales han inflado sin control durante décadas. Para el gurú financiero, la “buena noticia” no es que el dólar, el euro o el yen vayan a desaparecer de la noche a la mañana, sino que los ciudadanos comunes por fin tienen alternativas reales para protegerse: los metales preciosos y las principales criptomonedas.
Kiyosaki lleva años repitiendo que el oro y la plata son “el dinero de Dios” porque nadie puede imprimir más cuando le dé la gana. En un mundo donde la deuda pública de Estados Unidos supera los 35 billones de dólares y los bancos centrales siguen encendiendo la impresora para financiar déficits imposibles, el autor considera que los metales preciosos recuperarán su rol histórico como reserva de valor definitiva. De hecho, en lo que va de 2025 el oro ha superado repetidamente sus máximos históricos y la plata acumula una subida superior al 40% anual, impulsada tanto por la demanda industrial como por los inversores que huyen del fiat.
Pero lo que más llama la atención es la evolución de su discurso sobre las criptomonedas. El Kiyosaki de hace una década las llamaba “dinero de locos”; el de hoy las bautiza como “dinero del pueblo” y coloca a Bitcoin y Ethereum en el mismo pedestal que el oro y la plata. Según él, Bitcoin es el nuevo oro digital –escaso, imposible de confiscar fácilmente y fuera del control de gobiernos– mientras que Ethereum representa la infraestructura del futuro financiero descentralizado. “Los bancos centrales odian Bitcoin porque no pueden controlarlo ni apagarlo”, repite una y otra vez.
Su argumento central es sencillo y brutal: cada vez que la Reserva Federal o el BCE inyectan billones nuevos, están robando poder adquisitivo a todos los que guardan su riqueza en dólares o euros. Esa transferencia silenciosa de riqueza de los ahorradores a los deudores y a los primeros en recibir el dinero recién creado es, para Kiyosaki, el mayor atraco de la historia. Y la única forma de salir del juego es poseer activos que no puedan ser inflados a voluntad.
Aunque muchos economistas tradicionales lo tildan de alarmista, los números parecen darle la razón en parte: la inflación acumulada desde 2020 ha pulverizado el poder de compra de las principales monedas fiat, los bonos del Tesoro americano ofrecen rentabilidades reales negativas y los bancos centrales han perdido credibilidad tras años prometiendo “inflación transitoria”. Mientras tanto, quienes siguieron el consejo de Kiyosaki y acumularon oro, plata o Bitcoin en los últimos cinco años han visto multiplicar su patrimonio incluso después de ajustar por inflación.
El mensaje final del autor es directo: no se trata de hacerse rico rápido, sino de no hacerse pobre lentamente. En un sistema que premia al endeudado y castiga al ahorrador responsable, poseer “dinero real” –ya sea el de Dios o el del pueblo– se ha convertido, según él, en la única estrategia sensata de supervivencia financiera para la clase media. Palabras duras, pero que resuenan cada vez más fuerte en un mundo donde el dinero tradicional parece condenado a seguir perdiendo valor día tras día.





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