Nicolás Maduro ha evitado deliberadamente referirse al ataque militar estadounidense confirmado por Donald Trump contra instalaciones en...
Nicolás Maduro ha evitado deliberadamente referirse al ataque militar estadounidense confirmado por Donald Trump contra instalaciones en territorio venezolano durante sus intervenciones públicas, centrándose en cambio en proyectar una imagen de fortaleza y normalidad ante la escalada de tensiones con Washington. El líder chavista ha aprovechado el día para reunirse con altos mandos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), a los que ha expresado su “orgullo como el más de los orgullosos” por sus “demostraciones de valentía, amor al pueblo y capacidad de combate”. “Nuestra fuerza militar está desplegada con inteligencia y paciencia estratégica”, ha afirmado Maduro en un acto transmitido por la televisión estatal, donde ha insistido en que las tropas están “más preparadas que nunca para defender la soberanía”.
El silencio de Maduro sobre el ataque —que Trump describió como un golpe “potente y letal” contra una zona de muelles utilizada por el narcotráfico— ha sido interpretado por analistas como una estrategia para minimizar el impacto interno y evitar reconocer una vulneración directa del territorio nacional. En su lugar, el presidente ha proyectado un mensaje de resistencia y celebración navideña, repitiendo que el pueblo venezolano “ha aguantado tantas cosas” y que nada podrá perturbar las fiestas. Esta postura contrasta con la furia inicial del régimen, que había calificado acciones previas de EE.UU. como “piratería imperialista”.
Diosdado Cabello, número dos del chavismo y ministro del Interior, ha reforzado esta línea en un acto separado con funcionarios policiales: “No nos amargarán ni las Navidades ni el Año Nuevo. No pueden porque nosotros cuántas cosas hemos aguantado, cuántas cosas han intentado contra este pueblo”. Cabello ha proyectado tranquilidad, afirmando que “las calles están llenas de gente haciendo lo que le corresponde, en paz y tranquilidad”, mientras el país vive bajo alerta máxima por el despliegue estadounidense en el Caribe y la reciente operación confirmada por Trump.
El régimen ha optado por una narrativa de desafío sereno: reuniones con militares para exaltar su lealtad, actos de entrega de vehículos a la policía y mensajes de “felicidad navideña” que ignoran el incidente armado. Esta estrategia busca transmitir que Venezuela no se doblega ante las presiones externas, incluso cuando Washington ha cruzado la línea de ataques en suelo nacional. Maduro ha convocado a la FANB a “consolidar el poder popular” en 2026, presentando el año entrante como uno de “retos admirables” donde la unión cívico-militar será clave.
La oposición, por su parte, ha criticado el silencio como “cobardía” y ha exigido explicaciones sobre los daños y las víctimas del ataque. En las calles de Caracas y otras ciudades, la vida cotidiana continúa con preparativos para la Nochevieja, pero con un trasfondo de incertidumbre por la escalada que podría derivar en represalias o un conflicto mayor.
Maduro y Cabello proyectan resiliencia festiva mientras evitan mencionar el elefante en la habitación: el primer ataque confirmado de EE.UU. en territorio venezolano. El régimen apuesta por la “paciencia estratégica” y el orgullo militar para capear la tormenta, pero el 2026 arranca con Venezuela en el centro de una crisis que nadie sabe cómo terminará.
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